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Un ángel delante de ti

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«Mira, yo enviaré mi ángel delante de ti, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que te he preparado» (Éxodo 23: 20).

TENÍA ONCE AÑOS, largas piernas, pelo crespo y mejillas pecosas. Regresaba a casa en bicicleta, distraída, pensando en qué habría cocinado su madre para la cena. Al dar vuelta a la esquina, un auto se detuvo a su lado; iban dos jóvenes dentro. El que iba en el asiento del copiloto, se inclinaba por fuera de la ventanilla, como queriendo agarrarla; tenía pelo largo y se parecía a su hermano Michael. Él sonrió y le preguntó si le gustaría que ellos la llevaran a casa.

-¡No, gracias! -respondió ella-. Vivo muy cerca, estoy casi llegando.

Él insistió:

-Será divertido dar una vuelta con nosotros.

Ella miró a su alrededor: la calle estaba vacía. En ese momento, una voz sonó en su oído: «¡Corre! ¡Sal de aquí!». Y comenzó a correr rumbo a casa. El auto se fue en la dirección contraria. Veinte años después, aquella niña ya mujer, entendiendo que aquello había sido un intento de secuestro, se prometió hacer algo para proteger a los niños de su vecindario. No sabía exactamente cómo lo haría, pero lo haría. Hoy, ya adulta, colabora con una fundación de Arizona contra el secuestro de niños. Se dedica a seguirles la pista a los secuestradores y dar esa información a la policía; se siente bien cuando sus palabras pueden aliviar el dolor de los familiares de una víctima. Está convencida de que un ángel la protegió cuando tenía once años, y de que todos tenemos un ángel que camina a nuestro lado.

Casi nunca nos damos cuenta cuando recibimos la protección de Dios. A veces pensamos que las ideas que se nos ocurren en el momento son parte de lo que nosotros mismos pensamos y no es así; Dios pone en nuestra mente lo que debemos hacer y, a veces, los ángeles toman forma humana para alejarnos del peligro. Dios también utiliza a familiares y amigos para advertirnos de algo.

¿Qué te parece si comenzamos hoy el día dándole las gracias a Dios por las veces que nos ha librado de peligro sin que nosotros nos diéramos cuenta?


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