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Pelo por la orilla

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«¿Quién se da cuenta de sus propios errores? ¡Perdona, Señor, mis faltas ocultas!» (Salmo 19: 12).

ABBY ES MI HIJA PEQUEÑA. Un mediodía, cuando yo estaba viendo las noticias, Abby se quedó mirando al periodista y dijo: «Mami, ese señor tiene pelo por la orilla». Efectivamente, aquel hombre no tenía cabello en la parte superior de la cabeza. Me reí de la ocurrencia de mi hija sin que ella se diera cuenta. Días después, al despedir el sábado en la iglesia, Abby se quedó mirando al papá de su amiguita y dijo: «Mami, el papá de Valeria tiene el pelo por... ¡No, no tiene pelo!». Gritó tanto que todo el mundo la oyó. Yo no sabía qué hacer de la vergüenza. Le hice señas con la mano para que se quedara calladita, pero ella siguió diciendo a voz en grito: «¡¡¡Es calvo, el papá de Valeria es calvo, no tiene nada de pelo!!!». No sabía dónde esconderme. ¡Qué penaaaa! Al llegar a casa le dije que no debía decir esas cosas, que debe respetara las personas mayores. Creo que comprendió la lección.

La Biblia habla de un joven que se llamaba Saulo y perseguía a los seguidores de Jesús. Un día, estaban apedreando a un muchacho llamado Esteban porque era cristiano, ¿y sabes qué hacía Saulo? Cuidaba los mantos de quienes apedreaban a Esteban. Luego siguió persiguiendo a los seguidores de Jesús, los metía en la cárcel creyendo que estaba haciendo lo correcto. Como te podrás imaginar, los cristianos le tenían miedo. Hasta que ocurrió algo que cambió la vida de Saulo. Cuando iba camino de Damasco buscando más seguidores de Jesús para llevarlos a la cárcel, una fuerte luz lo rodeó. Se cayó al suelo y oyó una voz que le dijo: «Saulo, ¿por qué me tratas así?». «¿Quién eres?», preguntó Saulo. «Soy Jesús, a quien tú persigues». Desde ese día, Saulo cambió totalmente su forma de actuar

Bonita historia, pero ¿qué tiene que ver con la anécdota de Abby? Que, como Saulo, Abby tampoco sabía que estaba actuando mal. A veces cometemos errores que no sabemos que son errores, y metemos la pata sin saber que estamos metiendo la pata. Dile a Jesús hoy, cuando ores, que te ayude a darte cuenta de cuándo vas a cometer un error, para poder evitarlo. Y si ya es demasiado tarde porque ya metiste la pata, pídele a Jesús que te perdone.


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