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Defiende tu territorio

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«Estén siempre preparados a responder a todo el que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen» (1 Pedro 3: 15).

ME ENCANTAN LOS SURICATOS. ¿Has oído hablar de ellos? En realidad yo nunca he visto uno cara a cara porque viven en el desierto africano del Kalahari, pero los he visto en la tele y en Internet; son comiquísimos. Con apenas treinta centímetros de estatura y menos de un kilo de peso, son ágiles, tiernos y muy sociables. Viven en uno de los lugares más calientes y áridos del planeta y permanecen siempre en guardia. Esta es precisamente la característica del suricato de la que quiero que hablemos hoy.

A los suricatos les gusta vivir en comunidad y son supremamente territoriales. Ser territorial significa defender con uñas y dientes el territorio de uno. De hecho, los suricatos siempre están con las uñas afiladas, listos para la defensa de lo que es suyo. Defienden su madriguera y su territorio contra otros grupos de Suricatos, contra depredadores terrestres y aéreos. Tienen el hábito de estar alerta, porque son una excelente presa para otros animales que los rodean, por eso uno de los integrantes del grupo siempre permanece en guardia mientras los otros descansan o hacen otras actividades. Sus mecanismos de defensa son variados: aparentan ser más grandes de lo que son irguiéndose completamente sobre sus patas traseras; lanzan gritos como llamadas de emergencia si sienten la presencia cercana de un depredador; escupen para intimidar al enemigo; gruñen, silban y enseñan los dientes.

A mí me gustaría ser como un suricato. Me gustaría estar siempre alerta contra cualquiera que pueda ser un depredador de mi fe. Tal vez las compañías con las que ando me alejan de Jesús con sus comentarios; tal vez los videojuegos que tengo me hacen agresivo, violento y querer matar aunque sea de mentira; tal vez la música que escucho no tiene valores morales; tal vez las cosas que leo, como, bebo, o en general disfruto no son buenas. ¿Cómo voy a permitir que mi fe decaiga sin hacer nada por impedirlo? ¿No crees que el cristiano debe estar como el suricato, con los dientes y las uñas afilados, listo para defender su fe y dar razón de por qué cree en lo que cree? A mí me parece que eso es lo que debemos hacer: ser territoriales con Jesús. Sobre todas las cosas de este mundo, proteger nuestra relación con Jesús.


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