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El tesoro escondido

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«No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mateo 6: 19-21, NVI).

UN ANCIANO LABRADOR tenía dos hijos. Un día, viéndose gravemente enfermo y próximo a morir, el anciano llamó a sus dos hijos para que acudieran a la cabecera de su cama, y les habló así:

-Hijos míos, antes de morir quiero dejarles por herencia todos los campos que tengo. Les pertenecen a ustedes. Quiero que los dividan en dos a partes iguales y que cada uno se quede con una mitad. Deseo que los sigan cultivando, pues en ellos encontrarán un tesoro que se halla escondido a unos pocos metros de profundidad.

Cuando oyeron la palabra «tesoro», aquellos dos hijos se entusiasmaron. Se les abrieron los ojos grandototes. Pero eran los ojos de la avaricia los que se les abrían, porque vieron la oportunidad de hacerse ricos. Creyeron que su padre les había dejado enterrado bastante dinero. Así que decidieron cavar la tierra palmo a palmo, sin dejar nada por trabajar. Extenuados de la fatiga, tras haber cavado todo el terreno terminaron con las manos vacías: no encontraron tesoro alguno, nada de nada. Se decepcionaron bastante, como te podrás imaginar, pero lo cierto es que la tierra, perfectamente removida y oxigenada, les dio poco después una abundante cosecha. Si lo piensas bien, aquella era una justa recompensa a su trabajo y esfuerzo.

De este conocido relato de Esopo podemos aprender dos lecciones. Una: que todo trabajo bien hecho da siempre su recompensa. No lo olvides cuando te estés esforzando en algo. Aunque mientras lo haces es tedioso, después disfrutarás de los resultados. Otra: que hay cosas que son más importantes que otras, por eso Jesús nos aconseja que no acumulemos posesiones materiales en la tierra, pues al fin y al cabo en la tierra se quedarán. Nosotros queremos ir al cielo, así que lo más importante para nosotros ha de ser vivir día a día esperando el cielo, como personas que creen en Jesús y lo aman.


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