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No es oro todo lo que reluce

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«A la verdad se le hace tropezar en la plaza, y no le damos lugar a la honradez» (Isaías 59: 14, NVI).

TRAS LA RESURRECCIÓN DE JESÚS, sus seguidores formaron la iglesia de Jerusalén. Se reunían para hablar de la fe y para recordar a Jesús; se amaban de verdad y todo el mundo se daba cuenta. ¿Cómo se daban cuenta? Porque lo demostraban ayudándose unos a otros, y eso todos podían verlo. Si alguien necesitaba algo, los cristianos lo ayudaban con dinero, ropa, alimentos o lo que pudieran dar. Todo lo ponían en común para el beneficio de todos, porque había en ellos verdaderos lazos de amistad. Esos lazos los había creado la fe en Jesús y el amor hacia Jesús. Ellos sabían que todo lo que tenemos nos lo ha dado Dios, que es una bendición que recibimos de él para beneficiar a los demás.

Visto así, la iglesia cristiana primitiva era como oro que reluce. Pero había dos personas, Ananías y Safira, que parecían oro pero no lo eran. Este matrimonio tenía una propiedad y la vendieron. Nadie los obligaba a que dieran el dinero de la venta a la iglesia, pero ellos dijeron que iban a darlo todo. Sin embargo, hicieron creer que entregaban ese dinero en su totalidad cuando, en realidad, no fue así. Dijeron que la habían vendido por una cantidad y entregaron dicha cantidad a la iglesia, pero lo cierto es que la habían vendido por otra cantidad mucho mayor y se quedaron con la diferencia. ¿Qué necesidad tenían de mentir? Ninguna. Simplemente querían aparentar que eran más buenos de lo que eran.

Las consecuencias para Ananías y Safira fueron terribles. Murieron inmediatamente cuando el apóstol Pedro los confrontó con su pecado. Ellos creían que nadie se había enterado, pero el Espíritu de Dios reveló en público lo que ellos dos habían hecho en privado. Qué error prometerle a Dios algo y no cumplirlo; qué error querer dar una imagen de nosotros que no se corresponde con lo que realmente somos. Jesús quiere que seamos sus amigos de verdad, no de mentira para que los demás piensen que somos buenos. Lo que piensen los demás no es lo que importa. Lo que importa es ser amigos de Jesús.


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