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¿Dónde está tu violín?

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«Hay en la iglesia diferentes dones, pero el que los concede es un mismo Espíritu» (1 Corintios 12: 4).

ESTA HISTORIA ocurrió en las calles de París donde, hace muchos años, mendigaba un hombre sucio y maloliente que tocaba un viejo violín. Frente a él, en el suelo, ponía su raída boina cada tarde, con la esperanza de que alguien se apiadara de él y le echara unas monedas. El pobre hombre trataba siempre de sacar una buena melodía, pero no lo lograba porque su violín estaba desafinado. No es que no supiera tocar nada; algo sí sabía, pero el instrumento no estaba afinado.

Una tarde, un famoso violinista pasó por allí junto a su esposa y unos amigos. Salían del teatro, donde acababan de asistir a un concierto de música clásica. Los acompañantes del violinista fruncieron el ceño al oír los desafinados sonidos del viejo violín del mendigo, y se rieron. Entonces, le pidieron a él que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas que había en la boina del mendigo, y le pidió el violín. Lo primero que hizo el músico fue afinar las cuerdas. Después, con gran destreza, tocó una melodía hermosa. Los amigos aplaudieron y pronto el lugar se llenó de gente. Los transeúntes se juntaron alrededor del improvisado espectáculo, para disfrutarlo. La boina comenzó a llenarse de billetes, y el mendigo estaba feliz. Repetía, orgulloso: «¡Ese es mi violín! ¡Ese es mi violín!». Y era cierto, era su violín.

¿Sabes una cosa? Jesús también te ha dado a ti «un violín». Lo que quiero decir es que Jesús te ha dado un don, un talento, un instrumento, para que lo utilices a su servicio. Tal vez tu don sea cantar; tal vez, contar historias; tal vez sabes lo suficiente de la Biblia como para compartirlo con tus compañeritos; a lo mejor lo que se te da bien es escribir, o ayudar a los demás, o recoger la ofrenda en la iglesia... No sé cuál es tu mayor talento, pero lo que importa es que lo pongas a disposición de Jesús y de la iglesia, de modo que pueda ser útil a los demás. Desarrolla al máximo los talentos que tienes y serás una bendición donde quiera que vayas.


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