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Martín Emilio

Matutina para Android

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«En el corazón se refleja la persona» (Proverbios 27: 19, NVI).

CUANDO SOLO TENÍAMOS a nuestra hija Andreíta, mi esposo y yo buscamos durante un tiempo un apartamento donde vivir. Por fin lo encontramos y nos sentimos entusiasmados... hasta que nos topamos con Martín Emilio. Martín Emilio era un perro de raza Beagle, muy bonito, eso sí, pero una molestia continua para sus vecinos. Adivina quiénes eran sus vecinos. ¡Bravo! Nosotros.

Los dueños de Martín Emilio eran un matrimonio con dos hijos adolescentes. Los papás trabajaban todo el día y los chicos estudiaban, así que el perro estaba siempre solo y no paraba de ladrar. Yo estaba en casa cuidando de mi bebé, soportando los constantes ladridos. Bueno, en realidad no los soportaba, porque, ¡¡¡eran insoportables!!! Muchas veces deseé que, de tanto ladra, Martín Emilio se quedara sin voz, o que le hicieran una cirugía para extirparle las cuerdas vocales. Pero ninguno de mis deseos se hizo realidad.

Una vez estaba yo en mi balcón, desesperada de tanto ladrido, cuando vi a Martín Emilio, ¡ladrando con bozal! Aquel perro era imposible: ni con bozal se callaba. Bueno, sí, cuando llegaban sus dueños hacía silencio. Si los dueños estaban en casa, Marín Emilio no hacía ni guau. ¡¡¡Eso todavía me daba más rabia!!! Los dueños nunca se creerían que su perro era el más ruidoso del vecindario; y como su dueña era la administradora del edificio, nadie se atrevía a quejarse. Todos los vecinos saludaban a la familia de Martín Emilio con cortesía, y si con ellos iba el perro, hasta lo palmoteaban en la cabeza y decían: «¡Qué lindo perrito!». Grrrrr... Pero un día ocurrió lo que tanto esperábamos: se fueron a vivir a otro lugar. ¡Qué alivio! Se acabó tanto ladrido.

Hay personas como Martín Emilio: parecen encantadoras, pero son insoportables. Por eso es mejor observar bien antes de hacer amigos. Tal vez el niño o la niña que te cae bien hace cosas malas a escondidas y tú no lo sabes. Tal vez es mentiroso y no te has dado cuenta. A los amigos no los puedes elegir porque son bonitos o parecen encantadores. Lo que se ve por fuera no siempre es lo que hay por dentro. La buena apariencia no es garantía de buena persona. Lee de nuevo el texto de hoy y elige bien a tus amigos.


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