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La parábola del pantano – 2ª parte

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«Si ayudas al afligido en su necesidad, tu luz brillará en la oscuridad, tus sombras se convertirán en luz de mediodía» (Isaías 58: 10).

FINALMENTE, aquel grupo de cristianos decidieron ayudar al caminante en apuros; ahora la cuestión era que se pusieran de acuerdo en cómo ayudarlo. Luego de leer rápidamente un capítulo de sus libros, uno comenzó a cantar: «Cuando tus pies se estén hundiendo y quieras llegar a tierra seca, Jesús te ayudará»; con eso creyó que ayudaba al hombre que se hundía. Pero el pobre hombre tenía barro en los oídos y no oyó nada; solo se hundió más. Otro cristiano se paró y, moviendo el dedo índice de un lado a otro, le gritó: «¡Tonto! Doblaste a la izquierda en lugar de a la derecha y ahora estás sufriendo las consecuencias. Las consecuencias te ayudarán a no caer dos veces en el mismo error; nadie puede librarnos de las consecuencias de nuestros actos». El hombre que se hundía, se hundió un poco más. Otro cristiano separó en la orilla y, con una gran sonrisa, le dijo: «Si vuelves a tener problemas como este, ven a mi oficina y con gusto te ayudaré». Otro juntó ramas y se las arrojó, pero algunas golpearon al hombre en la cabeza y se hundió más aún.

Hasta que apareció otro cristiano que, como siempre, llegaba tarde a la reunión religiosa. Todos pensaban que aquel tipo era raro porque no se interesaba mucho en asuntos teológicos; por el contrario, hablaba con los pecadores y dibujaba mapas de pantanos. Ese joven, en cuanto vio el problema, se quitó la camisa, tomó una cuerda y amarró un extremo a un árbol y el otro a su cintura. Se sumergió en el pantano y rescató con mucho trabajo al caminante.

¿Qué opinas de esta parábola? ¿Acaso no te resulta incómodo ver que la gente tiene necesidades y que nosotros no hacemos nada? La religión de Jesús se practica mediante la compasión hacia quienes sufren. Hoy, con toda seguridad nos toparemos con una persona que necesita algo, ¿qué podemos hacer para ayudarla? ¿Le diremos palabras huecas o pasaremos a la acción? Esa decisión solo la tenemos cada uno de nosotros. Pídele a Jesús que te ayude a saber qué hacer para ayudar a alguien que lo necesita.


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