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Es difícil dejar algunas cosas

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«Despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante» (Hebreos 12: 1, NVI).

UNA VEZ, mi papá vino a visitarme a Medellín, pero su vuelo hacía escala en Bogotá. Allí, en Bogotá, mi padre debía permanecer unas horas en el aeropuerto, por eso llevó consigo una vieja chaqueta para taparse en aquel rato, pero que ya no necesitaría en Medellín ni en el lugar donde vive. Así que se dejó a propósito la chaqueta en el aeropuerto, colgada en la silla donde había estado esperando. ¿Sabes qué? Estando ya dentro del avión, una auxiliar de vuelo le entregó la chaqueta que él había dejado intencionalmente porque era un lastre para él. ¡Él quería deshacerse de la chaqueta y ahora debía continuar con ella! Qué cosas, ¿verdad?

En otra ocasión, mi familia y yo viajamos a Israel. Mi niña, Abby, tenía entonces un añito y llevamos su cochecito para transportarla, aunque en realidad aquel cochecito era un poco como un lastre. En el aeropuerto de Tel Aviv nos dirigimos a la banda de equipajes para recoger nuestras maletas, pero el cochecito no aparecía. El encargado nos aseguró que si se extraviaba, la aerolínea nos devolverá el dinero que nos había costado, así que nos pusimos contentos porque queríamos deshacernos de aquel viejo cochecito de bebé. ¿Pues sabes qué? El cochecito apareció. No hubo manera de librarnos de él. Es interesante cómo a veces queremos librarnos de algo y no lo conseguimos.

En la vida espiritual sucede algo similar. Todos tenemos cosas que nos resulta complicado dejar atrás, ¡pero hay que hacerlo! Por ejemplo, hay amiguitos que no nos ayudan para nada a mantener la fe; al contrario, nos invitan a dejar de creer en Jesús. Esos amigos hay que ir dejándolos poco a poco. También nos gusta escuchar música que contiene mensajes equivocados de incredulidad, violencia o sentimentalismo. Esa música hay que irla sustituyendo por otra de contenido cristiano. Lo mismo podemos decir de otros hábitos negativos que tenemos y que en realidad son un lastre para nuestro crecimiento espiritual. Hemos de ir abandonándolos. Sé que es difícil, pero con la ayuda de Jesús es posible, ¿Qué te parece si empezamos hoy a dejar atrás ese lastre que nos estorba?


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