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Un mar embravecido

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«Se levantó y dio una orden al viento y al mar, y todo quedó completamente tranquilo. Ellos, admirados, se preguntaban: “¿Pues quién será este, que hasta los vientos y el mar lo obedecen?» (Mateo 8: 26-27).

¿TE HAS FIJADO que en las playas suele haber unas banderas de colores? Tal vez te has preguntado para qué son y qué significado tienen. Son para avisar a los bañistas del estado del mar, y básicamente las que tienes que conocer son dos: la azul y la roja. Cuando veas que en una playa ondea una bandera azul, puedes entrar al agua, porque está tranquila para darse un bañito. Cuando veas una bandera roja, cuidado. Normalmente el rojo significa peligro, y en el caso de las playas también. Una bandera roja significa que el mar está embravecido, que es peligroso meterse al agua y que por eso no debes hacerlo.

Al mar hay que tenerle respeto, porque cuando está furioso es muy peligroso. ¿Cómo sabemos que lo está? Porque lo demuestra chocando violentamente contra las rocas, enviando olas de gran altura hacia la playa; y algunas veces incluso rugiendo como si fuera un león. ¿No te pasa a ti que de vez en cuando eres como un mar embravecido? A mí sí me pasaba cuando tenía tu edad. A veces me echaba al piso a patalear de la rabia; o me ponía a gritar con mis familiares porque estaba enojada; o tiraba de los pelos a otro niño y me ponía agresiva con él. En muchas ocasiones se me ha visto el mal genio, y todavía lo sigo teniendo de vez en cuando, y esa es como la bandera roja que avisa a los demás de que es peligroso acercarse a mí. ¿Pero no crees que es un poco triste que una persona que ama a Jesús se ponga tan embravecida que los demás tengan que tener cuidado con ella? A mí me parece que esto no debería pasar.

Los que amamos a Jesús tenemos que ser como un remanso de paz. La buena noticia es que, aunque somos débiles y a veces nos volvemos agresivos, Jesús puede calmar nuestra tormenta interior así como una vez calmó el mar y la tormenta desde una barca. Si se lo pides, Jesús puede darte tranquilidad y dominio propio cuando sientas que dentro de ti se ha desatado una gran tormenta de genio y rabia.


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