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No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

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«Contestó Jesús: “El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará"» (Juan 14: 23, NVI).

¿SABES QUIÉN DIRIGE TU CUERPO? Tu cerebro. Aunque no puedas verlo, él es el encargado de todo lo que haces; es el que da las órdenes a los músculos para que se muevan, a los huesos para que cambien de posición, a los ojos para que vean, a la boca para que hable. Si no tuvieras cerebro, nunca aprenderías a leer, ni a escribir, ni recordarías nada, ni podrías pensar, ni tendrías sentimientos y emociones... Si tu cerebro no funcionara bien, te resultaría difícil, tal vez imposible, hacer estas cosas. El cerebro es el centro de operaciones de nuestro cuerpo; es el que ejerce el control sobre los demás órganos. Es gracias al cerebro que podemos responder y reaccionar rápidamente a todo lo que sucede a nuestro alrededor ¿Y sabes qué? La capacidad de procesamiento y de almacenamiento de datos de tu cerebro es mayor que la de la mejor computadora que te puedas comprar.

Los nervios que comunican nuestro cerebro con el cuerpo son los que llevan los mensajes que nos permiten actuar. Así por ejemplo, cuando tocamos una sartén muy caliente, las terminaciones nerviosas que tenemos en los dedos envían un mensaje al cerebro de que nos estamos quemando, e inmediatamente nuestro cerebro da la orden a los músculos de que retiren la mano del lugar. ¿Alguna vez te ha pasado que cuando te quemas un dedo demoras cinco minutos en quitarlo del lugar que está caliente? ¡Claro que no! Porque el cerebro es rapidísimo, reacciona inmediatamente.

Así como la respuesta inmediata del cerebro a los estímulos externos es la prueba de que todo va bien en nuestra cabecita, nuestra obediencia inmediata a la Palabra de Dios es la prueba de que realmente amamos a Jesús. A través de la Biblia, Jesús te va dando pequeñas instrucciones de cómo vivir la vida de acuerdo a su voluntad. Él quiere saber si puede confiar en ti, si tú obedecerás a la primera o si tiene que insistirte una y otra vez en las mismas cosas hasta que por fin te des cuenta de que son por tu bien. ¿Qué te parece si desde hoy obedecemos rápidamente lo que Jesús nos dice y lo que papá y mamá nos piden? Esa será la prueba más evidente de que somos amigos de Jesús.


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