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Más perfectos que un robot

Matutina para Android

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«¿De qué sirve una imagen, si quien la esculpe es un artesano? ¿De qué sirve un ídolo fundido? [...] ¡Ay del que le dice al madero: “Despierta", y a la piedra muda: “Levántate"! Aunque están recubiertos de oro y plata, nada pueden enseñarle, pues carecen de aliento de vida» (Habacuc 2: 18-19, NVI).

¿TE GUSTARÍA TENER un robot que te lea historias antes de dormir? ¿O que juegue contigo a la pelota? ¿O a quien le puedas contar todos tus secretos? ¿O que te ayude a hacer las tareas de la escuela? Uff, sería espectacular Demasiado bueno para ser verdad. Pero fíjate en esta noticia que salió en un periódico de Detroit, Estados Unidos, el 15 de mayo de 2008:

«Un robot japonés dirigió el pasado martes a la Orquesta Filarmónica de Detroit. Es la primera vez en la historia que la batuta estuvo en manos de un robot, que sin duda tuvo una actuación sensacional. Tanto la audiencia como los músicos estallaron en aplausos cuando ASIMO, un robot de Honda, lideró la orquesta. Randal Hawes, uno de los músicos, que lleva más de veinte años en esa orquesta, comentó: “Fue apasionante, pero no creo que un robot reemplace a los directores humanos, al menos no a corto plazo. Nosotros reaccionamos a él, pero él no reacciona a nosotros"». Claro, esa es una de las limitaciones de un robot, así como de todo objeto creado por el ser humano.

La empresa Honda tiene más robots como ASIMO, que esperan que sirvan para ayudar a personas discapacitadas que van en silla de ruedas. ¿No es estupendo? Aunque parezca Sorprendente el hecho de que un robot pueda dirigir una orquesta, eso no es nada comparado con las facultades que tenemos nosotros. ¡Imagínate cómo se sintió nuestro Dios cuando creó al ser humano, un ser pensante y semejante a él!

Nunca un robot, por hábil que lo hagan, podrá hacer lo que hace una persona: conectar con los demás, responder a otros con empatía, cariño y fidelidad. Solo nosotros podemos imitar a Jesús y tener una manera de pensar y de actuar que se parezca a la de la divinidad. Qué privilegio, ¿no crees? Ponlo en práctica en el día de hoy.


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