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No podemos quemar las naves

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«En todo esto salimos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8: 37).

HACE MÁS DE DOS MIL AÑOS, nació un hombre que hizo historia: Alejandro Magno. Alejandro fue un gran conquistador. En el año 335 antes de Cristo, cuando llegó a las costas de Fenicia con su ejército, Alejandro tuvo que enfrentarse a una de las más feroces batallas de su vida. Nada más vislumbrar la playa, comprendió que los soldados enemigos superaban con mucho en número a sus soldados. De hecho, todos los miembros de su ejército se dieron cuenta de la gran desventaja numérica que tenían, y por eso sintieron miedo. No querían ir a la batalla, porque estaban convencidos de que no tenían ninguna posibilidad de ganar. ¿Cómo podría hacer Alejandro para motivar a sus hombres a tomar la armas y luchar, en lugar de dar media vuelta y huir?

Lo que se le ocurrió a este gran estratega militar fue totalmente original en su época. Cuando ya todos sus hombres habían desembarcado, les dio la orden de que quemaran todas las naves. No debía quedar ni una sola a salvo. Mientras los barcos se quemaban en el mar, Alejandro, frente a las llamas, reunió a sus hombres y les dijo:

-Miren cómo se queman las naves. Ahora tienen una razón para ir a la batalla, pues sino peleamos, no tendremos con qué regresar a casa. La única manera de que abandonemos esta tierra en la que estamos, es derrotando a los fenicios y utilizando sus navíos para regresar a nuestro país.

El ejército de Alejandro Magno venció esa batalla y regresó a casa en los barcos del enemigo. Por eso, la expresión «quemar las naves», que se utiliza en nuestro idioma, significa lanzarse por un objetivo renunciando a la posibilidad de dar marcha atrás. Y eso, exactamente eso, es lo que hay que hacer en la vida cristiana. Una vez que conoces a Jesús y comienzas tu amistad con él, bajo ningún concepto debes renunciar al objetivo de estar algún día a su lado en la tierra nueva. No debe existir en tu mente la posibilidad de dar marcha atrás, alejarte de Jesús y olvidarte de él. La única posibilidad es avanzar con él hasta que vuelva a buscarte, con la seguridad de que te dará la victoria.


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