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La forma también importa

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«Si alguno está contento, que cante alabanzas» (Santiago 5: 13).

UN CIEGO estaba sentado en mitad de la vereda, con una gorra a sus pies y un trozo de madera delante, en el que había escrito con gis: «Soy ciego, por favor, ayúdame». Un joven publicista que pasaba frente a él, se detuvo y se fijó en que la gorra estaba vacía. Como él era especialista en crear eslóganes que atrajeran a la gente, decidió hacerle un favor al mendigo ciego: cambió el letrero que tenía delante de la gorra. Sin pedir permiso agarró el pedazo de madera, le dio la vuelta, tomó un gis y escribió. Volvió a poner el pedazo de madera en su lugar, dio media vuelta y se fue.

Horas más tarde, el joven volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, pero esta vez su gorra estaba llena de dinero. El ciego reconoció inmediatamente los pasos de su benefactor y le preguntó:

-¿Puedo saber qué escribió usted en mi cartel?

-Nada que no sea tan cierto como lo que habías escrito tú, pero con otras palabras -respondió el joven publicista. Sonrió y siguió su camino.

El nuevo cartel decía: «Hoy es primavera y yo no puedo verla». Esa frase expresaba tan bien la profundidad del dolor de aquel hombre, que la gente se conmovía. La manera en que se había dado el mensaje marcó la diferencia.

La Biblia narra la historia de una mujer que también sabía decir las cosas. Estoy hablando de Abigaíl. Su esposo Nabal era muy cruel, pero ella era pura delicadeza y discreción. «¡¡¡No les voy a dar nada!!!», había gritado Nabal a los hombres de David, a pesar de que ellos le habían protegido el rebaño. Abigaíl intervino, llevó comida a David y a sus hombres, y le dijo al elegido de Dios con prudencia y sabiduría: «Por favor, ignore la rudeza de Nabal y acepte este obsequio. Perdónenos por lo que ha pasado». Con su manera de decir las cosas, salvó a su esposo de una muerte segura.

Estos son dos ejemplos de que no solo importa lo que decimos, sino también la forma en que lo decimos. La prudencia y la inteligencia para decir algo puede ser lo que logre que la otra persona nos escuche. Por eso, sé siempre discreto, prudente y delicado al hablar con los demás. Así es como son los amigos de Jesús.


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