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Dios te hizo así

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«Jesús les contestó: “¿No han leído ustedes en la Escritura que el que los creó en el principio, “hombre y mujer los creó"?» (Mateo 19:4).

¿TE GUSTA SER COMO ERES? Ojalá que sí, porque es muy importante estar a gusto con uno mismo. A veces pasamos etapas en las que quisiéramos ser de otra manera, por fuera o por dentro, pero debemos entender que esas etapas pasan, y que Jesús está ahí para ayudarnos a tener buena autoestima.

A mí me gusta mucho ser mujer, pero si fuera hombre, estaría contento de ser hombre. Cuando veo a hombres que se visten, hablan o se mueven, como las mujeres, a mí me choca un montón. Y en ocasiones también veo por la calle o en la televisión a mujeres que se visten y actúan como si fueran hombres, ¿eso no te parece raro? Es realmente raro, aunque por desgracia sea más común de lo que debiera ser.

Está claro que mucha gente no quiere ser como Dios los hizo, y eso es una lástima. Pero, por casualidad, ¿has visto a una gallina cantar como lo hace un gallo? Yo no. Creo que eso la haría sentirse muy mal. La gallina es feliz poniendo sus huevitos, y por eso cacarea de contenta. Si te fijas en las aves, verás que el macho tiene un color más oscuro que la hembra, y ellos son los que cantan; mientras que las hembras tienen un color más pálido y su voz no es tan melodiosa. Simplemente son diferentes; ni mejores ni peores; distintos, ¿Y sabes por qué? Porque Dios los hizo así.

A los seres humanos también nos ha hecho distintos. Básicamente son las hormonas las que nos diferencian. Nuestro cuerpo fabrica hormonas que son diferentes en el hombre y la mujer, y por eso los hombres y las mujeres somos diferentes, en el físico y en la voz, en la manera de actuar y de pensar. En experimentos de laboratorio se ha inyectado a gallos hormonas de las gallinas, y al poco tiempo dejaron de cantar como gallos, la cresta les disminuyó y parecían gallinas.

Sintámonos contentos con la manera en que Dios nos ha hecho; no intentemos parecer lo que no somos. Aceptemos nuestra feminidad y nuestra masculinidad como un regalo de Dios, y démosle honra por habernos creado. Mantengamos nuestra identidad.


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