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Cámbiate de ropa

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«Saquen todos los dioses extraños que hay entre ustedes, báñense y cámbiense de ropa» (Génesis 35: 2).

¿TE GUSTA PONERTE ROPA NUEVA? ¡A mí me fascina! Me hace muy feliz renovar mi vestuario. Mi esposo dice que cuando una mujer dice «No tengo nada que ponerme», en realidad significa «No tengo nada nuevo que ponerme»; y que cuando un hombre dice «No tengo nada que ponerme» en realidad significa «No tengo nada limpio que ponerme». Esto quiere decir que a las mujeres nos gusta mucho estrenar ropa. ¿Pero sabías que los animales también cambian de ropa?

Algunos mamíferos cambian su pelaje por otro nuevo; las serpientes mudan su piel por completo, por eso a veces podemos ver en el campo piel de serpiente, pues es la que dejó para tener ahora una «ropa» completamente nueva. Algunos crustáceos también cambian su caparazón, porque si pasaran toda su vida con el mismo, no podrían crecer. Las aves cambian constantemente sus plumas por otras nuevas; claro que nunca se quedan totalmente sin plumas, sino que las cambian de manera gradual, es decir, lenta pero continua. De hecho algunas aves, cuando se ven muy peladas, evitan aparecer en público y se esconden en un lugar apartado hasta que les crecen de nuevo las plumas.

Nosotros también contamos con sistemas de renovación en nuestro cuerpo. Se nos cae el cabello y nos nace otro nuevo (a no ser que seamos calvos); las células de la piel se regeneran constantemente y se van cayendo pellejitos muertos; nuestras uñas se quiebran y nos salen otras nuevas...Todo esto es para que estemos siempre mejor. Lo mismo sucede cuando nos cambiamos de ropa sucia o vieja por ropa limpia y nueva: nos sentimos mejor.

Hubo alguien que también se cambió de ropa, pero de una manera mucho más drástica que nosotros, y no para mejor sino para peor. Me refiero a Jesús. Jesús se quitó su capa real, que llevaba en el cielo, y se metió en la piel de un ser humano, de un siervo de todos nosotros. Ese cambio no fue a mejor para él, ya que tuvo que humillarse mucho, pero fue lo mejor que nos pudo pasar a nosotros. Gracias, Jesús, por amarnos tanto que te cambiaste de ropa para ser uno más de nosotros.


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