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¿A qué huele el evangelio?

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«A cualquiera que me reconozca delante de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo. Pero a cualquiera que me desconozca delante de los demás, yo también lo desconoceré delante de mi Padre que está en el cielo» (Mateo 10: 32-33, NVI).

¿CÓMO TE SIENTES cuando tienes gripe o resfriado? Fatal, ¿verdad? No te dan ganas de comer, ni de salir, ni de hablar... incluso la luz te molesta, y el más mínimo ruido. Lo único que quieres es acostarte en tu camita y que nadie te moleste. Lo mismo me pasa a mí. Si te fijas, cuando tenemos gripe o resfriado casi no podemos oler nada. La mucosidad que se nos pone en la nariz es mayor de lo normal, y eso hace imposible que podamos percibir los olores de las cosas. Por eso también nos da menos hambre, porque por muy bien que huela el exquisito almuerzo que han preparado mamá o papá, no nos llega el olor y no nos tienta.

¿Sabes una cosa? Vivir de acuerdo al evangelio también tiene un olor peculiar, solo que a veces no queremos desprenderlo, y obligamos a los demás a sufrir de «gripe espiritual». Sí, ya sé que me acabo de inventar esta expresión, pero es porque refleja muy bien lo que sucede. Verás, ser cristiano significa hablar, comportarse y vivir de una determinada manera. Cuando somos cristianos, los demás se dan cuenta porque el olor que desprendemos es un olor a espiritualidad. Pero a menudo no queremos que los demás se enteren de que somos adventistas. No queremos que se den cuenta de nuestra religión porque tal vez nos rechacen, o piensen que somos anticuados, o no quieran hacerse amiguitos nuestros porque somos unos santurrones... Entonces intentamos disimular el olor que desprendemos para que nadie olfatee en qué creemos. Queremos que todos se enfermen de una gripe que les impida detectar nuestro olor a cristianos.

Cuando hacemos esto, estamos impidiendo que los demás perciban el maravilloso aroma de Jesús. En realidad los estamos dejando en una gripe espiritual, en lugar de sanarlos con el evangelio. En nuestras manos está desprender ese olor que permita a nuestros amigos conocer un poco más a Jesús y sanarse de la gripe espiritual que poseen. El cristianismo tiene un olor característico y somos los cristianos quienes debemos desprender ese olor.


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