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Un hombre rico de verdad

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«No amontonen riquezas aquí en la tierra, donde la polilla destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar. Más bien amontonen riquezas en el cielo» (Mateo 6: 19-20).

HABÍA UNA VEZ un hombre muy rico que estaba preocupado por cómo podría guardar todas sus riquezas sin miedo a que se las robaran. Decidió pedirle ayuda a un amigo suyo: «Quiero que me digas qué debo hacer para ser cada vez más rico», le dijo. El amigo se retiró a pensar en el asunto, hasta que encontró la solución. Pero cuando fue a visitar al rico para decirle lo que había descubierto, el rico estaba saliendo de viaje, y simplemente le dijo: «Encárgate de todo y te pagaré cuando regrese».

Cuando el rico regresó, semanas más tarde, descubrió que lo había perdido todo. Sus posesiones se habían esfumado; no le quedaba nada. Furioso, fue a hablar con su amigo:

-¡¡¡Exijo una explicación!!! -le dijo- ¿Qué has hecho con todas mis cosas?

-He descubierto cómo lograr que seas cada vez más rico -le dijo el amigo con calma-. Lo he analizado mucho y he llegado a la conclusión de que lo que un hombre puede lograr por sí mismo es muy limitado. Para tener cada vez más, necesitamos a los demás, y por eso decidí dar a los demás todo lo que tú tenías, para que después tú te pudieras beneficiar de eso.

Tremendamente decepcionado y triste, el que una vez había sido rico se fue. Cuando los vecinos lo vieron por la calle, cabizbajo y como derrotado, se preocuparon por él y acudieron a prestarle ayuda. Le ofrecieron ropa, comida, hospitalidad... De hecho, le brindaban sus hogares para que se quedara con ellos. Lo hacían porque, anteriormente, él les había dado parte de sus riquezas para ayudarlos a salir de la pobreza. Por eso estaban tan agradecidos que ahora querían sacarlo a él de la pobreza.

Días después, nuestro amigo volvía a ser rico. Abrió un negocio y todos los vecinos lo ayudaron y compraron sus productos. Pero esta vez aprendió que la verdadera riqueza no está en almacenar tesoros, sino en ayudar a los demás y darles amor. Eso es lo mismo que Jesús quiere para nosotros: que hagamos amigos preocupándonos por ellos y ayudándolos en sus necesidades. Eso sí es ser verdaderamente ricos.


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