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Un corazón alegre

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«Buen remedio es el corazón alegre» (Proverbios 17: 22).

¿ALGUNA VEZ le has leído una historia a un perro? Mi hija Abby, sí. Un día la vi contándole historias al perro, y está claro que al perro le gustaba porque se quedaba tranquilito escuchando. Yo pensaba que mi hija era la persona más original del mundo, hasta que vi una noticia de un refugio para animales en Misuri, Estados Unidos.

A este refugio se llevan perritos maltratados o abandonados, para ayudarlos a que no estén tan tristes. Los perritos llegan con miedo y desconfianza hacia las personas, porque han tenido malas experiencias. Han sufrido mucho, y por eso creen que les van a hacer daño. Así que se portan de manera agresiva y distante hacia las personas, para no volver a sufrir. Pues en este refugio los ayudan a que vuelvan a ser felices, a acostumbrarse otra vez a la gente ya sentirse seguros. Una de las actividades que hacen es que los niños van al refugio a leerles libros a los perros. Con esto, los perros se sienten más tranquilos y los niños tienen la oportunidad de relacionarse con mascotas. ¡Incluso pueden adoptar una si lo desean! Así que los perritos se encariñan con los chicos y los jovencitos, en vez de estar haciendo travesuras, pasan la tarde con los perritos.

A veces creemos que los animales no sienten ni padecen, pero no es cierto. A los animales, al igual que a las personas, les gusta que los traten bien. Si reciben maltrato y abandono, sufren, se deprimen, se vuelven agresivos y distantes, se encierran en ellos mismos y dejan de confiar. Esa tristeza de los animales por causa de las personas no le gusta nada a Jesús. Acuérdate que Dios nos pidió que cuidáramos de todos los seres vivos que él creó.

Lo bonito de esta historia es que siempre podemos hacer algo para alegrar el corazón de otro, ya sea de un animal, de un niño, o de un adulto. Lo primero que podemos hacer es tratarlos bien, con respeto y cariño. Solo con eso, ya podemos arrancarles una sonrisa.

Si tienes algún amiguito que está sufriendo alguna situación difícil, puedes acercarte a él o a ella y ayudarle a no estar triste. Recuérdale que Jesús quiere ser su amigo y ayúdale a sonreír, tal vez contándole historias. Aunque ahora no está feliz, puede volver a estarlo. Trata de llevarle alegría a su corazón.


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