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Lo que se puede lograr a tu edad – 1ra parte

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«Oren unos por otros para ser sanados. La oración fervorosa del justo tiene mucho poder» (Santiago 5: 16).

HUBO UNA VEZ un predicador muy famoso llamado Dwight Moody. Él ya murió, pero escribió libros en los que contó muchas cosas que le pasaron durante su exitoso ministerio. Una de esas cosas tiene que ver con un chico de tu edad. Gracias a él, toda su familia se convirtió. Para que veas lo que puedes lograr a pesar de tu juventud. La historia sucedió así.

El pastor Moody llevaba tiempo fijándose en una familia que visitaba su iglesia, pero que no estaban bautizados, y decidió hacer algo al respecto. Para ello se fijó en su hijo menor, que no era precisamente un niño bueno. Durante los sermones, Moody siempre veía desde el púlpito a este muchachito pegando calcomanías en la espalda de quienes se sentaban delante de él; moviéndose sin cesar; dando patadas a la banca de delante; siempre tratando de entretenerse en algo malo. «Si logro captar la atención de ese muchacho para que se convierta a Jesús, seguro que toda la familia se convertirá», pensó el pastor Moody.

Esa mañana, después del sermón, el pastor Moody saludó al muchacho cuando salía de la iglesia. Le dio la mano como si fuera todo un jovencito, le dijo que se alegraba de verlo, le preguntó cómo le iba todo, y le pidió que volviera la semana siguiente. A la semana siguiente, el chico volvió, y se portó mejor que nadie. Pasó el tiempo y, un día, el muchacho se acercó a Moody para pedirle que orara por él. «Quiero ser un cristiano de verdad», le dijo. ¿Te imaginas qué alegría sintió el pastor Moody? Era una respuesta de Dios. Y comenzó a orar por él, hasta que un día lo vio sentado en la banca, llorando.

-¿Qué te pasa? -le preguntó después del culto-. ¿Estás bien?

-Quiero que ore por mi mamá -le respondió el chico-. No acepta a Jesús.

-Vamos a hacer una cosa -le propuso Moody-. Esta noche vas a hablar con tu mamá y yo estaré orando por ti.

Así lo hicieron. De ese modo actuaron como un equipo, confiando completamente en Jesús, para ayudar a la salvación de otra persona. ¡Eso es ser cristiano de verdad! Mañana descubrirás qué pasó después.


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