Regresar

Una mujer muy especial

Matutina para Android

Play/Pause Stop
«El que tiene amor no hace mal al prójimo; así que en el amor se cumple perfectamente la ley» (Romanos 13: 10).

HOY QUIERO HABLARTE de una mujer a la que admiré mucho, aunque ya murió. De hecho, todo el mundo la admiraba, porque hizo algo realmente grande, aunque pueda parecer pequeño. ¿Ya te tengo todo confundido? Bueno, empezaré por el principio.

Si te digo que se llamaba Agnes Gonxha Bojaxhiu y que nació en Albania, ¿te suena de algo? ¿Sabes de quién estoy hablando? Ese es el nombre que le pusieron al nacer, pero ella se lo cambió cuando era joven. Tras descubrir su vocación, que era ser monja, se puso el nombre por el que ha llegado a ser célebre: Teresa de Calcuta. ¿Pero cómo que Calcuta, no había nacido en Albania? Sí, pero lo de «Calcuta» es porque en esa ciudad de la India es donde llevó a cabo su ministerio. Y su gran obra comenzó con una experiencia muy pequeña.

Un día que iba paseando por las calles de Calcuta, Teresa se conmovió al ver a un hombre moribundo tirado allí, en el piso. Se sentó al lado de aquel desconocido, lo tomó de la mano y lo acompañó mientras moría. De ese modo, no murió solo. A partir de ahí, ella decidió dedicar el resto de su vida a ayudar a los pobres de Calcuta que tenían enfermedades como la lepra. Fundó leproserías, centros para ciegos, discapacitados y ancianos, así como escuelas y orfanatos. Tal fue la influencia de su obra en el mundo que recibió el Premio Nobel de la Paz, Bien merecido.

Uno puede pensar que ayudar a una persona que está en la calle, sola, enferma y moribunda, no es gran cosa. ¿Quién nos va a dar un premio por eso? Yo te digo quién: Jesús. Cuando tenemos con los demás pequeños gestos de amor y misericordia, para Jesús tiene un gran significado. Tal vez el mundo no lo reconozca ni nos dé un galardón como se lo dieron a Teresa de Calcuta, pero eso no quiere decir que Jesús no se haya fijado en lo que hicimos por uno de sus hijos.

Esta es la verdadera religión: ser buenos y amables con los demás, porque todos somos hijos de Dios. Teresa de Calcuta lo demostró con su vida, por eso es un ejemplo a imitar por todos.


Envía tus saludos a:
menores@appdevocionmatutina.com