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Ceguera de caras

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«Las maldades cometidas por ustedes han levantado una barrera entre ustedes y Dios; sus pecados han hecho que él se cubra la cara» (Isaías 59: 2).

VAMOS A APRENDER una palabra rara. «Prosopagnosia». ¿La habías oído antes? ¿Te aventuras a decir qué puede significar? Pues significa algo así como «amnesia visual». La persona que padece prosopagnosia es incapaz de reconocer los rostros de los demás, incluso el suyo propio. No es que no pueda verlos; puede ver los rostros, pero no puede reconocerlos, recordarlos, darse cuenta de quién es la persona que tiene delante, aunque sea ella misma viéndose en el espejo. Esto se conoce más comúnmente como «ceguera de caras», y hay gente que ya nace con eso; para otros, es resultado de un golpe fuerte en la cabeza que afecta a determinada zona del cerebro. El dato más escalofriante de todos es que se estima que un 2.5% de la población mundial padece esta enfermedad tan rara.

Pero en lo que respecta a nuestra relación con Dios, la humanidad entera sufre de prosopagnosia. La hemos heredado de Adán. Allá en el Edén, cuando nuestro primer padre desobedeció a Dios, perdió el maravilloso privilegio que hasta entonces tuvo de poder ver a Dios cara a cara. Esto hizo que, con el paso del tiempo, todos sus descendientes hayamos perdido la imagen del rostro de Dios, e incluso de su personalidad. No sabemos cómo es Dios, porque miles de años de pecado han ido deformando el concepto que tenemos de él. Por eso ves que muchos se imaginan a Dios como una fuerza interna, una energía cósmica, un anciano bondadoso, un Señor muy mandón, un simple personaje de la historia, etcétera. Qué lástima, ¿no crees?

Aunque no podemos ver el rostro de Dios, ni saber cómo es en realidad porque nadie que lo haya visto cara a cara nos lo ha podido contar, sí podemos entender algo de Dios. Podemos reconocerlo a través de la lluvia que riega la tierra seca, de los lindos animalitos que vemos en el campo, del cuidado de una madre por su hijo, de las hermosas flores, o de un bebé recién nacido. La naturaleza nos habla de nuestro buen Dios, nos dice que es puro amor, bondad y compasión. No pierdas nunca esto de vista.


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