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Recarga tus pilas

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«Desde niño conoces las sagradas Escrituras, que pueden instruirte y llevarte a la salvación [...] Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender para corregir y educar en una vida de rectitud» (2 Timoteo 3: 17-16).

¿TIENES ALGÚN aparato que funcione con pilas? ¿Tal vez una radio, algún juguete, la computadora portátil, el teléfono celular, una linterna o un Segway? Pues si no hubiera existido alguien llamado Alessandro Volta, que por allá por Italia hace más de doscientos años desarrolló la pila eléctrica, no podrías disfrutar de ninguno de esos aparatos. De hecho, la unidad de fuerza electromotriz se llama «voltio» en honor a él.

Un amigo de Volta se dio cuenta de que al entrar en contacto dos metales diferentes con el músculo de una rana (sí, sí, has leído bien, de una rana, croa, croa) se producía corriente eléctrica. A Volta le interesó esta idea y comenzó a experimentar pero solo con metales, porque no creía que el animal tuviera nada que ver con la electricidad. Mucha gente se enfadó con Volta porque, por aquel entonces, estaban convencidos de que hacía falta un animal para que se produjera electricidad. Pero la demostración que hizo Volta en 1800 del funcionamiento de la primera pila eléctrica solo con metales, les hizo callar la boca.

Las pilas crean corriente eléctrica a partir de la unión controlada de dos sustancias químicas que se encuentran separadas. Al ponerlas en contacto mediante un conductor eléctrico, se produce el paso de electrones por el conductor y se genera la corriente. Mientras las dos sustancias están aisladas, no hay corriente, así que la energía eléctrica permanece almacenada. Para establecer las conexiones, las pilas deben tener unos elementos metálicos que permitan su incorporación a un circuito. Suena complicado, ¿verdad? Supongo que lo es.

Cuando leemos nuestra Biblia, asistimos a la iglesia, escuchamos música cristiana y oramos, es como si la vida espiritual se nos recargara. Es como si todas estas actividades fueran pilas que generan en nosotros una corriente espiritual maravillosa. Por eso, para estar preparados para funcionar espiritualmente, necesitamos todos estos elementos: una amistad con Jesús, una Biblia, la iglesia (recuerda que la iglesia son personas, no edificios y bancos), oración y música cristiana.


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