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Ayuda a tu memoria

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«Yo, el Señor su Dios, me acordaré de ustedes» (Números 10: 9).

NO SÉ SI A TI TE PASA, pero a mí me sucede que algunas cosas las recuerdo perfectamente bien y, en cambio, otras, me cuesta tremendo esfuerzo recordarlas. A veces alguien me dice: ¿Recuerdas cuando fulanita dijo esto o lo otro? Yo, sinceramente, no lo recuerdo. Pero cuando me dicen: ¿Recuerdas aquella vez que fuimos a tal lugar y nos sucedió aquello? Entonces recuerdo lo sucedido. Esto se debe a que, cuando todos los sentidos están presentes, las cosas se quedan más grabadas en la memoria.

Cuando hemos presenciado algo, es más fácil recordarlo que cuando nos lo han contado. Por ejemplo, si presencias un accidente de auto, escuchas los ruidos que se producen, probablemente los gritos de algún pasajero, incluso algún insulto del conductor que no tuvo la culpa, ves la expresión de sus rostros, te asustas, sientes el frío que hace y tienes miedo a lo que haya podido pasar, están en actividad todos tus sentidos. Por eso, pasado el tiempo, recuerdas todo del suceso. En cambio, si un amiguito te cuenta que tuvo un accidente, pero tú no lo viviste, olvidas los detalles en cuestión de días.

En nuestra vida espiritual, sucede lo mismo. Si dependes únicamente de las predicaciones del pastor, de las lecciones de los maestros de Escuela Sabática, o de las charlas con papá y mamá sobre Jesús, no podrás recordar cosas importantes cuando las necesites para superar una tentación o sentirte fuerte en tu fe. La única manera de que tu memoria recuerde lo que necesitas recordar para estar fuerte espiritualmente, es que Jesús sea real en tu vida. Que cada día camines con él, hables con él, tengas experiencias con él. Cuando Jesús es una experiencia cotidiana para ti, tu memoria está llena de sus lecciones, no las olvida, y las puede activar cuando las necesites. No es lo mismo que te lo cuenten, a que tú lo vivas.

Jesús no necesita ayuda para acordarse de ti, porque los clavos que lleva en sus manos y en sus pies no le permiten olvidar que murió para salvarte. Pero tú puedes ayudar a tu memoria haciendo que Jesús sea una experiencia viva para ti, viviéndola con todos tus sentidos.


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