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Eres una simple luciérnaga

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«Procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo» (Mateo 5: 16).

NO TE OFENDAS por el título de la reflexión de hoy. De hecho, si te sirve de consuelo, te diré que yo también soy una simple luciérnaga. No que sea un gusano feo, arrastrado, sino un ser llamado a reflejar luz. Claro, luz en el sentido espiritual, porque físicamente no tengo poder para generar luz.

Supongo que alguna vez habrás visto luciérnagas en la noche, alumbrando las plantas silvestres a los lados del camino. Esos insectos que, en sí mismos, no tienen nada de atractivo, se ponen de lo más luminosos para atraer. La razón por la que emiten luz es para atraer al sexo opuesto y así poder aparearse y tener luciernaguitas. Así que se iluminan para llamar la atención sobre ellas mismas y así responder a la llamada de la naturaleza hacia la procreación.

Saltando del mundo natural al mundo espiritual, nosotros también hemos recibido una llamada a ser luciérnagas: «Procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo» (Mateo 5:16). La diferencia entre nosotros y las luciérnagas es que nuestra luz no tiene por objetivo llamar la atención sobre nosotros mismos. El llamado de Jesús es a que, brillando nosotros con la luz que él nos da y que se manifiesta en nuestros hechos y palabras, la gente se sienta atraída hacia Jesús. En realidad, la verdadera luz es él. Si nosotros brillamos, es porque él pone en nosotros sus cualidades.

Tú y yo podemos asemejarnos tanto a Jesús, que reflejemos su luz. Y si no lo hacemos, sería triste porque, al igual que la oscuridad de la noche que rodea a las luciérnagas, a nosotros nos rodean personas que viven en la oscuridad de la ignorancia. Aunque te cueste creerlo, millones de seres humanos no conocen a Jesús; viven en plena noche; necesitan luciernaguitas cristianas que les alumbren el camino hacia la verdadera luz del mundo, que es Jesús. Así que, ¿qué te parece si a partir de hoy añadimos la luciérnaga a nuestra lista de superhéroes? Yo quiero ser una luciérnaga para Jesús.


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