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Mi bolsa de galletas

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«Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes» (Lucas 6: 1, NVI).

UNA MUJER ESTABA en la sala de espera de un aeropuerto aguardando el embarque de su vuelo. Compró una bolsa de galletas y se sentó a leer un rato mientras esperaba. A su lado se sentó un joven y, en medio de los dos, estaba la bolsa de galletas. Entonces sucedió algo que a la mujer le pareció insólito: el brazo del joven se estiró para agarrar una galleta. Ella ladeó la cabeza y lo vio tan feliz, comiéndose la galleta «Qué joven tan maleducado», pensó ella un poco molesta. Bueno, bastante molesta. Y siguió leyendo, al fin y al cabo hay mucha gente rara en este mundo.

Cinco minutos después, de nuevo el brazo del joven se alargó para agarrar otra galleta. «¿Será posible?», pensó la mujer. Esto es el colmo. Y aunque no te lo creas, por tercera vez aquel joven agarró otra galleta y se la comió sin decir nada. «Si yo no fuese tan educada, ya le habría dicho tres cosas bien dichas a ese maleducado», pensó de nuevo la mujer. Y entonces comenzó un juego de tenis. Ella agarraba una galleta; él agarraba otra; ella agarraba otra, él agarraba una más. Hasta que la bolsa se terminó y el joven ni se movió. La mujer tuvo que ir a tirar la bolsa a la basura mientras pensaba: «Increíble, ni las gracias me ha dado». Su enojo no había hecho más que ir en aumento hasta que llegó la hora de embarcar. Una vez sentada en su asiento, la señora fue aguardar el pasaporte en el bolso cuando, al abrir la cremallera, vio su bolsa de galletas dentro. La bolsa que se habían comido entre los dos no era de ella, sino del joven, que sin decir nada le permitió a ella compartirla con él.

Ese es el problema de juzgar, que casi siempre nos equivocamos. Creemos que el otro es el que lo está haciendo mal y no nos damos cuenta de que muchas veces no es así, sino que la otra persona es discreta y no dice nada. Hay dos virtudes que son muy importantes para Jesús: la virtud de no juzgar nunca a nadie, y la virtud de ser discretos. Intenta desarrollar las en tu vida y verás sus frutos antes de lo que te imaginas.


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