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Siempre es día de fiesta – 2ª parte

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«Yo te voy a instruir; te voy a enseñar cómo debes portarte. Voy a darte buenos consejos y a cuidar siempre de ti» (Salmo 32: 8, TLA).

SORPRENDIDO al ver que su joven amigo era feliz siendo criado, el rey quiso probarlo una vez más.

-Tienes un corazón enorme. Merecerías servir al rey -le dijo el monarca, aunque el joven no sabía que era el rey.

-Calla, que puede cumplirse -dijo el joven, sorprendido de que todo lo que había dicho aquel desconocido, se había cumplido.

A la mañana siguiente, unos guardias llevaron al joven a palacio. Allí le dieron ropa de soldado y una espada, y lo pusieron a vigilar la puerta. Por la noche, en la casa del joven, había la misma alegría y felicidad de siempre. El rey estaba asombrado.

-Novas a creértelo -le dijo el muchacho-. ¡Han venido a buscarme para trabajar en el palacio, tal como dijiste!

-Me alegro, ahí ganarás mucho dinero -comentó el monarca.

-No creas, no he recibido nada -añadió el joven, que bajó la voz para contarle que había vendido la hoja de acero de su espada para poder comprar los alimentos para la cena. En su lugar, llevaba ahora un palo de madera.

-¿Y si te ordenan usar la espada? -le preguntó el rey.

El joven no quiso ni hablar del tema, por miedo a que pasara de verdad. Al día siguiente, en el palacio, el rey le ordenó usar la espada, porque quería ponerlo a prueba una vez más. El joven estaba tan nervioso que no reconoció al rey vestido con lujosas ropas. Intentó negarse a hacer lo que le pedían, suplicó que lo liberaran de aquella orden, pero no lo consiguió. Mirando al cielo, dijo: «Señor, me encomiendo a ti en esta ingrata tarea. Si es injusta esta sentencia, convierte el cortante acero de mi espada en inofensiva madera». «¡¡¡Milagro!!! -gritaron todos cuando desenvainó la espada-. ¡¡¡Es de madera!!! ¡El condenado es inocente!». El rey se vio de nuevo sorprendido por tanto ingenio.

¿Sabes? Ser cristiano no significa que nunca pasaremos por situaciones difíciles en que tal vez nos pidan que hagamos algo difícil.


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