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Un oso, dos perros y un final inesperado

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«Cuando Jesús pasaba por allí, miró hacia arriba y dijo: “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que quedarme en tu casa. [...] Al ver esto, todos comenzaron a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en la casa de un pecador» (Lucas 19: 5-7).

HACE TRECE AÑOS, el fotógrafo alemán Norbert Rossing acompañaba al cazador y manejador de perros Brian LaDoon durante una de sus excursiones por la helada región de Manitoba, en Canadá. Rossing se ha hecho famoso como fotógrafo de la vida salvaje para revistas como National Geografic. En esa ocasión, el plan era fotografiar a los perros de LaDOOn jugando y descansando al atardecer. Pero la tarde pasaba sin que nada ocurriera hasta que, de pronto, apareció un extraño sin invitación: ¡un oso polar enorme! Cuando LaDoon lo vio, pensó que era el fin de los perros. Él y Rossing estaban a una distancia segura, pero los perros estaban encadenados, así que no podían hacer nada para salvarlos. El oso no tenía más que acercarse y devorarlos.

Entonces..., sucedió lo increíble: el oso comenzó a jugar con los perros, y los perros comenzaron a jugar con el oso. Como si no hubiera peligro; como si fuera lo más natural del mundo. Pero no lo era. De hecho, es inexplicable por qué aquel oso enorme no les hizo daño alguno a los perros; tal vez no tenía hambre; tal vez se sentía solo y prefería compañía que comida; el caso es que todos los días de aquella semana, el oso fue a jugar con los perros. Puedes ver en YouTube el video (busca: Polar bears and dogs playing).

Esta escena me recuerda el relato de Jesús y Zaqueo. La gente no esperaba que Jesús se relacionara con pecadores como Zaqueo. Sin embargo, Jesús sorprendió a todo el mundo autoinvitándose a comer a la casa de ese pequeño pecador. Le brindó su ternura y su compañía, y con eso le cambió la vida.

Hoy, con total seguridad tú te relacionarás con personas diferentes a ti. Tal vez personas que no son adventistas, que no hablan tu idioma, que no son de tu raza o de tu país..., no los ataques, trátalos como Jesús trató a Zaqueo y como el gran oso polar trató a los perros. Al ver tu actitud, ellos también se enternecerán y se acercarán más a Jesús.


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