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Muy parecidos, muy diferentes

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«¿Con quién vas a compararme, o a quién me vas a igualar? ¿A quién vas a asemejarme para que seamos parecidos?» (Isaías 46: 5, NVI).

TENGO UNOS PRIMOS GEMELOS QUE, de pequeños, eran muy inquietos. Libardo, el más travieso, mordía y empujaba a su hermano Mario. Un día, mi tía salió en su Jeep con ellos en la parte de atrás; Libardo abrió la puerta y empujó a Mario, que se cayó a la carretera sin que mi tía se enterara, «Mami, Mario está tirado por allá», dijo mi primo. ¿Te imaginas el susto? Mi tía detuvo el auto inmediatamente y corrió a recoger a Mario. Otro día, jugaban a «reparar» la bicicleta de su hermana cuando Mario colocó sus dedos dentro de la rueda y Libardo le dio vueltas a la cadena. El dedo de Mario quedó atrapado en el engranaje. Qué gritos daba mi primo.

En una ocasión, jugando con un ábaco, a Libardo se le ocurrió sacar las bolitas del ábaco y metió una en la nariz de su hermano, que luego no podía sacar Mario sangraba sin parar. Cuando eran adolescentes, Mario se rompió una pierna y cada mañana lo iba a recoger un transporte a casa para llevarlo a la escuela. Pero un día, llegó el transporte y el conductor le dijo a Libardo, pensando que era Mario: «Niño, súbete», y Libardo se subió mientras que su hermano, el que tenía la pierna rota, estaba dentro de la casa esperando.

La Biblia relata el caso de dos gemelos: Jacob y Esaú. Desde el vientre de su mamá se llevaban mal. Al nacer, uno agarraba al otro por el talón como diciéndole: «Yo quiero nacer primero». Su padre le puso el nombre a ese niño de acuerdo con su carácter: Jacob, el suplantador. Los niños crecieron pero eran muy diferentes: Esaú se sentía feliz en la naturaleza; a Jacob, le gustaba la tranquilidad hogareña. Jacob engañó a Esaú y la historia acabó muy mal.

¿Cómo te llevas tú con tus hermanos? ¿Sabes? Un hermano es algo muy importante. Tal vez ahora que son niños se pelean mucho, pero cuando sean grandes se darán cuenta de que un hermano es una de las personas que más nos quieren. ¿Qué te parece si hoy le dices a tu hermano o hermana cuánto lo quieres? Aprende a valorarlo, porque es una bendición del cielo tener hermanos.


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