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Papá y mamá

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«Yo he visto que uno de los hijos de Jesé, el de Belén, sabe tocar muy bien; además, es un guerrero valiente, y habla con sensatez, es bien parecido y cuenta con la ayuda del Señor» (1 Samuel 16: 18).

EN EL BALCÓN de mi casa hay unas plantas que son el lugar favorito de las palomas para hacer su nido. No es que me guste vivir rodeada de palomas, pero por consideración las dejamos que coloquen allí sus huevos y los empollen. El problema viene cuando tengo que regar las plantas. ¡Si vieras cómo esas palomas comienzan a aletear con fuerza para impedirme acercarme a sus crías! Para ellas, cuidar de sus polluelos es lo primordial. Por cierto que las crías son bastante feítas: ojos enormes, todas peladitas, amorfas... ¡Sin embargo, sus papás las ven hermosas! Así somos los papás: nos gustan nuestros hijos, los queremos tanto que los vemos siempre con buenos ojos. Estoy segura de que tu papá y tu mamá piensan que eres hermosísimo o lindísima.

El versículo de hoy nos habla de David, el valiente hijo de Jesé, que se enfrentaba a leones y agigantes, y que llegó a ser rey. De él decían que era talentoso, valiente, luchador, prudente, hermoso, y que contaba con la compañía y la protección de Dios. ¿No te parecen muchas virtudes para un solo joven? ¡Cuán satisfechos debían de estar sus padres! Muchas personas observan el comportamiento de los niños, porque suele ser buena muestra de cómo son sus padres. No siempre ocurre, pero detrás de un buen muchacho casi siempre hay unos papás que lo han educado bien, y eso dice mucho de ellos. Otros chicos, aunque tienen buenos padres, hacen cosas indebidas que los avergüenzan. Pero gracias a Dios que tú no eres así.

¿Qué te parece si esta mañana te haces el propósito de comportarte todo el día de una manera que haga que tus padres se sientan orgullosos de ti? Incluso puedes hacer una lista de cosas que agradan a tus padres, y pedir le a Jesús que te ayude a cumplirlas. Este es un buen camino para convertirte en un cristiano exitoso, del que tus padres terrenales y tu Padre celestial se sentirán felices. Si te gusta la experiencia, tal vez podamos repetirla mañana; y al otro día; y al otro... Hasta que se vuelva una costumbre.


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