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Jeremy, el chico listo – 2ª parte

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«El hombre justo piensa lo que ha de responder, pero el malvado lanza maldad por la boca» (Proverbios 15: 28).

JEREMY ESTABA TRISTE porque el pueblo de Dios seguía empecinado en hacer el mal. Ya se disponía a irse, cuando le dijo al máximo dignatario: «Quiero advertirle de que la batalla contra el ejército de Babilonia la van a perder. Se acordará de mí cuando eso pase». «¡Cómo te atreves a amenazarme! -exclamó el hombre-. ¡Llévenselo a la cárcel!». Los guardias agarraron a Jeremy y lo arrastraron hasta la prisión.

Jeremy lloraba de tristeza. Con él en la cárcel había otras personas y les habló de Dios; les dijo que debían arrepentirse de las cosas malas que habían hecho. Jeremy dejó de tener miedo. Poco después lo liberaron y volvió a su casa. Estaba cansado, se dio una ducha, se puso la piyama y se metió en la cama. En la mañana pensó: «Voy a volver al palacio». Así que se puso sus jeans y una camisa, se peinó y se despidió. Por el camino le preguntaba a Dios qué debía decir. A la entrada, un guardia de seguridad le preguntó adónde iba, él le contó, y luego de esperar un rato se encontró de nuevo con el máximo dignatario. Allí estaban muchas personas también. Jeremy saludó a todos los presentes y, sin más demora, empezó nuevamente a decirles que debían obedecer a Dios. «¡¡¡Fuera de aquí!!! –le gritaron- Llévense a este joven». De nuevo agarraron a Jeremy; él forcejeaba, pero no pudo soltarse. Otra vez se puso tristón porque estaba en problemas por ser fiel a Dios. Pero no temió, siguió orando. Y Dios estaba actuando en la mente del máximo dignatario, que en secreto mandó que le llevaran a Jeremy y le preguntó: «¿Qué es lo que Dios quiere que haga?». «Que vaya usted al cautiverio para que viva». El ejército de Babilonia invadió Jerusalén, derribó sus edificios y lo arrasó todo. Dios dijo que su pueblo sería esclavo setenta años y luego volvería a su tierra.

¿Qué cosas de las que haces crees que no agradan a Jesús? ¿Mentir, robar, querer tener mucho dinero, hablar mal de los demás, ser orgulloso? Todo esto desaparece cuando uno pone a Jesús en primer lugar. Hoy, cuando veas a personas cercanas a ti hacer cosas incorrectas, diles que obedezcan a Jesús. Y que no te dé miedo.


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