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Galileo Galilei – 1ra parte

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«¿Has visto a alguien diligente en su trabajo? Se codeará con reyes, y nunca será un Don Nadie» (Proverbios 22: 29).

GALILEO GALILEl fue un niño como tú. Nació en Italia en 1564, y desde pequeñito le gustaron las ciencias. ¿Qué materias te gustan a ti en la escuela? A Galileo le encantaban las matemáticas y los planetas. Qué cosas tan difíciles, ¿verdad? Pues gracias a sus conocimientos científicos, Galileo, cuando fue grande, pudo fabricar un telescopio.

Un día, Galileo subió a un campanario de Venecia acompañado de varias personas importantes. Quería enseñarles cómo funcionaba el telescopio que acababa de construir. Todos se quedaron impresionados cuando miraron por aquel tubo de hierro y pudieron ver, como si estuviera ahí mismo, un pueblo que estaba a tres kilómetros de distancia.

-¡Es increíble! -exclamó, admirado, uno de ellos.

Pero lo que hizo de Galileo un hombre famoso no fue el telescopio, sino lo que descubrió gracias al telescopio. Galileo no quería usar el telescopio para ver pueblos distantes, sino para observar el universo. Lo que en realidad le fascinaba eran los planetas y las constelaciones. Tal y como sospechaba, aquel potente aparato le permitió ver cosas que antes, ningún ser humano había descubierto: los cráteres de la Luna, los satélites de Júpiter o las manchas en el Sol… ¡Un montón de maravillas del firmamento! ¡Y las vio con sus propios ojos!

Años después, publicó sus descubrimientos en un libro que fue todo un éxito. Su fama se extendió por todas partes, porque demostró algo que hasta entonces era impensable: que no todos los cuerpos celestes giran alrededor de la Tierra. Hasta aquel momento se creía que la Tierra era el centro del universo y que todos los cuerpos celestes giraban alrededor de ella. Un poco antes que Galileo, ya Copérnico había dicho que la Tierra no era el centro de nuestra galaxia, sino el Sol, pero Galileo fue quien pudo demostrar estas cosas.

Galileo se ganó muchos enemigos por decir la verdad. A veces, a nosotros también nos sucede esto, que nos ganamos enemigos por decir la verdad. Por eso preferimos quedarnos callados y no decimos que creemos en Jesús. Si te falta valor para ponerte de parte de la verdad, pidele ayuda a Jesús.


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