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A prueba de huracanes

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«El camino de Dios es perfecto» (2 Samuel 22: 31).

¿HAS VISTO en los noticieros los daños que ocasiona un huracán? Las sacudidas del viento lo arrastran todo a su paso: cubos de basura, casas, carreteras, farolas, letreros, e incluso árboles, si no están bien arraigados... Cuando la naturaleza se agita, sálvese quien pueda. Pues hoy te voy a contar una fábula que tiene que ver con un huracán. Es una fábula, no es real, sino que tiene un mensaje que nos llega a través de personajes de la naturaleza. Digamos que es como una parábola moderna, parecida a las que contaba Jesús.

Un hombre edificó su casa y le puso un bello jardín. En él plantó un roble, que creció muy lentamente. Día a día se profundizaban sus raíces y se fortalecía su tronco. En una de las paredes de la casa, justo la que daba frente al árbol, el hombre plantó una enredadera, que creció muy velozmente. Todos los días se extendía e iba subiendo pared arriba. Al cabo de un tiempo, la enredadera ya había llegado al tejado.

-¿Cómo estás, amigo roble? -preguntó una mañana la enredadera.

-Bien —contestó el roble.

-¿Bien? Pues si yo fuera tan lento como tú para crecer, no estaría bien. Creo que nunca llegarás a mi altura -se burló la enredadera. Desde aquí se ve todo distinto.

-No te burles, amiga -le pidió, muy humilde, el roble-. Lo importante no es crecer de prisa, sino crecer bien.

La enredadera lanzó una carcajada burlona y el tiempo siguió su marcha, hasta que se produjo un huracán. El roble, gracias a sus raíces, se mantuvo erguido; la enredadera, en cambio, salió volando por los aires (no resistió ni el primer asalto). El dueño la recogió y la quemó, porque no servía para nada. Entonces, el roble reflexionó:

-Es mejor crecer lentamente sobre una raíz sólida, creando un tronco fuerte, que carecer de fundamento y ser arrastrado por el primer viento que llegue.

Por eso, no te dejes arrastrar por los vientos de la moda o de la popularidad. Profundiza tus raíces en la Palabra de Dios, para que cuando lleguen las pruebas, no seas derribado a las primeras de cambio.


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