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Como una zanahoria

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«Lo que sale del hombre, eso sí lo hace impuro. Porque de adentro, es decir, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos» (Marcos 7: 20-21).

¿ALGUNA VEZ has visto un campo sembrado de zanahorias? ¿O has visto las zanahorias por fuera antes de ser recogidas? Claro que no, porque están enterradas, no se ven desde la superficie. Una vez, en mi ignorancia, yo le dije a una señora que había ido a visitar: «Qué bonitas son sus plantas, ¿cómo se llaman? ¿Qué flor dan?». Ella me miró con una cara medio asustada medio burlona, y me dijo: «No son plantas decorativas, no dan ninguna flor, son zanahorias, eso es una pequeña huerta». ¡Qué vergüenza! No pude reconocer que una plantita verde, tan sencillita y hermosa, escondía una zanahoria por debajo de la tierra.

Es curioso que las hortalizas y los tubérculos no se pudran debajo de la tierra. En la tierra hay organismos que pueden atacar a una papa o a una zanahoria durante su crecimiento y pudrirla, pero por lo general, no sucede. Las hortalizas están protegidas de manera natural contra el ataque de insectos y microbios. En el caso de las papas, por ejemplo, la piel tiene células muertas que les sirven de defensa. Además, se ayuda a las hortalizas con productos artificiales para que no sean destruidas por ningún enemigo mortal. Tal vez pueden pudrirse las hortalizas sino se recogen a tiempo, pero de lo contrario, están felices debajo de la tierra, protegidas de sus enemigos.

Al igual que las hortalizas y los tubérculos se defienden de los agentes externos que pueden dañarlos, nosotros también hemos de defendernos de los «enemigos de afuera»: las cosas que vemos, oímos y probamos, que pueden dañar nuestro interior. No todo lo que dan en la televisión es digno de ver, puede herir nuestra sensibilidad y descubrirnos cosas para las que no estamos preparados; entonces, no lo veamos todo, aprendamos a escoger bien. No toda la música que existe tiene una letra apropiada ni una melodía que nos eleve; entonces, no la escuchemos toda, elijamos la que es cristiana. No todo lo que se puede comer y beber hace bien a nuestro cuerpo, sino que puede dañarlo; entonces, ¿para qué fumar, beber alcohol, o comer comida basura? Todas estas decisiones, dependen de ti, y debes tornarlas cada día. Pídele a Jesús que te ayude.


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