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Cicatrices que cuentan una historia

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«Si alguien le pregunta: "¿Pues qué heridas son esas que traes en el cuerpo?”, él contestará: “Me las hicieron en casa de mis amigos"» (Zacarías 13: 6).

¿TIENES ALGUNA CICATRIZ? Yo tengo algunas, muy pequeñas, de cuando era chica. Hay gente que intenta borrar de su cuerpo cualquier marca, como lunares, verrugas o cicatrices, pero yo creo que cada cicatriz que tenemos cuenta una historia: nuestra historia. Has oído hablar de Carlos Tévez. Es bastante famoso, y él tiene una cicatriz que cuenta una historia. Carlos Tévez es un futbolista argentino muy exitoso. Pero no siempre fue así.

Carlos se crio prácticamente en la calle. Sus papás lo abandonaron cuando era un bebé, y se fue a vivir con sus tíos. Muchas veces no tenían ni para comer, aunque siempre había alguien que les daba pan, papas, o lo mínimo para no morirse de hambre. Siendo ya jovencito, jugaba futbol para ganarse algunas monedas, comprarse un sándwich, y compartir todo lo que tenía con sus tíos. Siempre quiso mantenerlos valores que hicieron posible que se convirtiera en uno de los mejores futbolistas del mundo.

Ahora que es rico y famoso, sus amigos y su familia le hacen tener los pies sobre la tierra. Y además, algo en su cuerpo, que tiene que ver con su vida pasada, le ayuda a no perder la perspectiva. Tiene unas quemaduras en el cuello que se hizo cuando tenía solamente diez meses de vida. Le cayó encima agua hirviendo. Pasó tres meses en el hospital, y aunque no recuerda nada porque era muy pequeño, cada vez que ve sus cicatrices sabe que eso sucedió en su vida. «Cuando me miro al espejo recuerdo quién soy y de dónde vengo», dice Carlos. Hasta el día de hoy conserva esas cicatrices, a pesar de que le sobra el dinero para operárselas.

Hay alguien más que tiene unas cicatrices en las manos y en los pies que cuentan la historia de su vida. Me refiero a Jesús. Sus heridas de amor nos recuerdan que murió por nosotros, y que un día volverá a buscarnos para que vivamos para siempre con él. Jesús, aunque es perfecto, no se avergüenza de sus cicatrices porque ellas nos dan la vida eterna. Por eso nunca intentará borrárselas.


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