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El panadero y el mendigo

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«Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron» (Mateo 25: 40).

CASI TODOS LOS DÍAS, Michel veía pasar, por delante de su panadería, a un joven desgreñado, sucio y con la ropa raída, llamado Jerome. Jerome era un sintecho que pedía limosna a la puerta de la panadería de Michel, en Francia. Pero a Michel, panadero de sesenta y dos años, nunca le molestó la presencia de Jerome a la entrada de su negocio. En lugar de espantarlo para que no molestara a sus clientes, Michel salía todos los días a llevarle leche y pastelitos, para que tuviera algo de comer y bebida caliente. En Francia hace mucho frío en invierno.

Un día, el horno de Michel tuvo un problema y un técnico fue a solucionarlo. Reparada la avería, el viejo panadero siguió con su trabajo, pero cada vez se iba sintiendo más cansado, como que le faltaba aire. Lo que no sabía es que el horno no había sido bien reparado y desprendía monóxido de carbono. Michel se estaba intoxicando poco a poco, hasta que finalmente se desmayó. Justo en ese momento, Jerome entró a calentarse un poco y vio lo que pasaba. Llamó a una ambulancia y salvó la vida de Michel. Por eso Michel nunca olvidará el 3 de diciembre de 2015, en que un mendigo le salvó la vida. Ahora Michelle ha dado su panadería a Jerome, que trabaja allí cada día como nuevo propietario, y por cierto que lo hace muy bien.

La gente como Michel y Jerome nos demuestra que, detrás de una persona sin trabajo, no siempre hay una persona vaga; que detrás de alguien en harapos, no siempre hay alguien descuidado; que detrás de los sintecho no tiene por qué haber gente sin corazón. Michel es como Jesús: acepta a todo el mundo tal como es, les da de comer y de beber, les ofrece su amistad, y los trata a todos sin prejuicios.

A veces, las circunstancias de la vida hacen que no nos vaya bien, que seamos pobres, o que tengamos problemas de salud, pero eso no significa que nadie sea menos que nadie. Para Dios, todos somos sus hijos, todos somos valiosos. Tratémonos con respeto unos a otros, siempre.


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