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Que no se dañe tu termostato

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«Yo sé todo lo que haces. Sé que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!» (Apocalipsis 3: 15).

¿QUÉ SUCEDERÍA si el refrigerador de tu casa no enfriara, sino que calentara? ¿Y qué pensarías situ mami colocara ropa en la secadora y esta, en vez de calentar la ropa para que se secara, expulsara aire frío? Creerías que estos dos electrodomésticos se habían echado a perder y que había que repararlos o simplemente comprar otros nuevos. Lo más probable es que se les hubiera estropeado el termostato. Y este tipo de electrodomésticos, cuando tienen el termostato estropeado, no sirven para nada. Fíjate en lo importante que es un aparatito tan sencillo.

El termostato es un mecanismo automático que mantiene constante la temperatura. El termostato regula la temperatura dentro del motor sin importar el calor o el frío que haga afuera. Este aparatito se encarga de que, en el lugar donde está puesto, haga siempre la temperatura exacta que tú quieres que haga. Como por ejemplo, cuando hace mucho calor y tienes aire acondicionado. Tú le dices al termostato los grados que quieres que haga dentro de la casa, y él se encarga de encender o apagar el aire hasta que la temperatura de la casa marque lo que tú le has indicado. Maravilloso, ¿eh? Pero si se daña el termostato, entonces el aire acondicionado simplemente no se encenderá.

En nuestra vida espiritual existe algo que actúa igual que un termostato: el Espíritu Santo. El Espíritu Santo se da cuenta cuando estamos demasiado fríos espiritualmente, y entra en acción para llevarnos de nuevo al amor de Jesús. Porque el amor de Jesús es lo que «calienta» nuestra vida, lo que nos hace arder por dentro como cristianos.

Por eso, fíjate en lo importante que es que no se dañe nuestro «termostato espiritual», es decir, que no se rompa nuestra relación con el Espíritu Santo. Debemos estar siempre atentos a su voz, a lo que nos indica que hagamos, para que nuestra fe no se enfríe y nuestro amor se mantenga bien caliente.

Para que tu termostato funcione bien, debes orar y leer la Biblia diariamente. ¿Prometes hacerlo?


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