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Alegría, qué buena medicina

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Buen remedio es el corazón alegre, pero el ánimo triste resta energías, Proverbios 17: 22.

*Necesitarás un frasco de medicamento que diga «ALEGRÍA» y un frasco de medicamento que diga «TRISTEZA».

Fabián siempre estaba enfadado. Si su mamá le pedía que recogiera sus juguetes, tardaba y los guardaba de mala gana. Cuando le servían la comida, se quejaba porque no le gustaba. Alimentaba a su perrito, pero enojado. En la escuela era lo mismo. Desobedecía a la maestra, peleaba con sus compañeros, se quejaba por las tareas y trabajaba enojado.

La mamá, cansada de la actitud de Fabián, quiso enseñarle una lección. Un día no cocinó y sirvió la comida del día anterior. No limpió la casa, no llevó a Fabián al parque ni lavó su ropa. Además, todo el día tuvo cara de enojada. Sorprendido, Fabián se acercó a su mamá.

-Mamá, ¿qué te pasa? ¿Por qué estuviste todo el día molesta conmigo?

-Porque no estaba de humor. Todos los días yo tengo que aguantar tu mal genio y ya era hora de que tú aguantaras el mío -respondió ella.

Fabián entendió lo mal que se había portado durante tanto tiempo. Pidió perdón a su mamá y prometió cambiar.

(Enseñe los frascos de medicina.) Todos los días, al levantarnos, decidimos cuál medicamento vamos a tomar. Podemos escoger el de la «ALEGRÍA» o el de la «TRISTEZA», depende de nosotros. ¿Por qué no te levantas cada mañana y pides a Dios que te ayude a escoger siempre la alegría?

HABLA CON DIOS

Jesús, ayúdame a estar siempre feliz, aunque a veces no me guste hacer algunas cosas. Amén.


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