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¡No puedo ver!

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«He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá». Apocalipsis 1: 7, RV95

ESE DÍA, COMO DE COSTUMBRE, salí hacia la universidad para tomar mi primera clase, que iniciaba a las siete de la mañana. Cursaba el segundo semestre de la carrera de Publicidad con especialidad en Diseño gráfico. Ese día todo lo veía diferente, puesto que al mirar a la distancia noté que los objetos lucían de colores distintos a los usuales. Me pareció extraño, pero supuse que aquello era el resultado de una larga noche dibujando. Por la tarde, y con un poco de dolor de cabeza, pasó lo inesperado: los ojos se me oscurecieron tan rápido como cuando apagas la luz de tu habitación en la noche más oscura.

Estaba sola y asustada. «No puede ser, no puedo ver», fue lo primero que me llegó a la mente. Mientras permanecía sentada en las escaleras del edificio de la facultad, un desconocido se me acercó y me preguntó: «¿Te pasa algo?». «No puedo ver», fue mi respuesta. Esa persona me llevó a casa, y hasta el día de hoy no he sabido quién era.

Ahí estaba yo, con dieciséis años, llena de sueños y aspiraciones pero ciega y con mucho temor. Tras varios estudios, los médicos lograron dar con el diagnóstico. Un oftalmólogo me dijo: «Tienes toxoplasmosis. El parásito se ha comido parte de tu mácula, el punto de mejor visión del ojo; si logras recuperarte, tu visión no será perfecta. Te recomiendo que abandones tu carrera».

Sentada en mi cama, llegó a mi mente el versículo que leímos al principio: «Todo ojo le verá». «No es posible -me dije a mí misma-, no quedaré ciega». Luego oré: «Jesús, yo quiero verte».

Dios escuchó mi plegaria y me concedió el milagro. ¿Quieres saber lo que sucedió? Finalicé mi carrera y actualmente trabajo como diseñadora gráfica en LADPA, la editorial responsable de editar este libro. Pero eso no es todo. Si en algún momento olvido aquel milagro, Dios se encarga de recordármelo, pues cada vez que voy al oftalmólogo escucho las mismas palabras: «Aún no sé cómo puedes ver; eres un milagro andante».

¿Tienes un sueño o una meta? No te rindas, no olvides que «todas las cosas son posibles para el que cree» (Marcos 9: 23, BA).

Aun en tu momento más oscuro no pierdas la fe, pues siempre tendrás la posibilidad de ver y sentir a Jesús bien cerca de ti.

Kathy Hernández de Polanco

Autora de Pasito a pasito y Soy tuyo, Jesús


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