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Sin contrato

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«Les digo que voy a darles en bendición el doble de cuanto tuvieron que sufrir». Zacarías 9: 12

8 DE ENERO DE 2016, recuerdo muy bien la fecha. Ese día finalizaba mi contrato de trabajo y pasaba a ser un desempleado más. Con cinco meses de casado y mi esposa embarazada de tres meses tenía una gran carga delante de mí. Mientras entregaba los bienes que me había cedido la empresa, teléfono celular, vehículo y materiales de oficina; solo pensaba qué sería de mi vida en el futuro inmediato. La preocupación embargaba mi mente y solo pensaba en cómo podría sustentar mi familia y cumplir con los deberes de esposo y futuro padre de familia. Recuerdo que al llegar a la casa mi esposa y yo nos miramos y nos abrazamos, confiados en que Dios actuaría en nuestro favor, como siempre lo había hecho.

Comenzaron a pasar los días y no llegaba el esperado empleo. Había comenzado a tomar de mis ahorros para pagar los gastos de la casa y ver cómo mi cuenta se secaba me preocupaba. Contacté a varios excompañeros de trabajo y continué entregando currículos en distintas empresas, pero nada sucedía. Alguna vez has sentido que la ansiedad y la desesperación aumentan poco a poco. A mí me pasó así, pero con cada desafío y respuesta negativa también aumentaba el fervor de mis oraciones.

Pocos días después recordé que un excompañero había comenzado a trabajar en otra empresa en la capital y me había dicho que estaban contratando personal para un nuevo proyecto. Así que lo contacté y a mediados de febrero me dijo que le enviara mi currículo. Esa misma noche hice todos los arreglos y pocas semanas después me entrevistaron. Si has conseguido trabajo después de mucho tiempo de desempleo podrás identificarte con la mezcla de alivio y felicidad que sentí. Por fin volvería a trabajar. Sin embargo, aunque la cuenta de ahorros me pedía a gritos que le depositara algo de dinero y los gastos del embarazo de mi esposa se hacían sentir, nunca perdí de vista la condición que el trabajo debía cumplir: en la entrevista conversamos y acordamos que no trabajaría los sábados, de modo que iniciaría mis labores el 1° de marzo.

Dios me bendijo doblemente, medio el empleo que tanto necesitaba y a la vez abrió las puertas para que yo pudiese adorarlo libremente cada sábado.

Dios nunca llega tarde, hoy te animo a buscarlo de todo corazón y recibirás bendicionesdobles, triples, cuádruples...

 

Jorge Lewis Rodríguez Santos

República Dominicana


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