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En el lugar equivocado… o tal vez no

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«El Señor dirige los pasos del hombre y lo pone en el camino que a él le agrada». Salmo 37: 23

MIRÉ POR LA VENTANA DE LA HABITACIÓN y me pregunté: «¿Qué hago aquí?». México era el último lugar en el que imaginaba estar. Treinta y seis horas antes, un compañero de trabajo había entrado a mi oficina y me había dicho: «Jorge, este fin de semana debo predicar en un congreso de jóvenes, pero someterán a mi esposa a una cirugía, así que necesito que me sustituyas».

Me asustaba la idea de presentar una serie de temas con tan poco tiempo de preparación. Pero a pesar del desafío puse manos a la obra y ese mismo viernes inició un fin de semana que cambiaría no solo mi vida, sino también la de muchos otros jóvenes. El domingo, antes de clausurar, realizamos un bautismo pues una señorita había decidido entregar su vida a Jesús. Además, un joven, que no había asistido a la actividad, decidió también bautizarse. Él estaba de vacaciones en ese hotel y había escuchado los temas, pues las reuniones eran en la playa, al aire libre. Con lágrimas en los ojos descendió a las aguas y allí empezó una vida nueva en Cristo Jesús. Pero eso no es todo, poco antes de cerrar la edición de este libro una señorita me escribió para agradecerme por los temas y me dijo que a raíz de esa actividad había decidido bautizarse, y lo había hecho pocas semanas después del congreso.

Me gusta coleccionar recuerdos de los países que he visitado, pero mi favorito es el souvenir que me entregaron durante la ceremonia de clausura. ¿Sabes qué tiene de especial? Que es un regalo personalizado ¡a nombre del pastor amigo que originalmente iba a predicar en la actividad! Cuando Fernando, el director de la Federación de Jóvenes, me entregó el obsequio me dijo: «Espero que cada vez que vea el nombre del otro pastor recuerde que usted no tenía planes de venir, pero Dios tenía otros planes y lo trajo a usted a este lugar».

Cuando colocamos nuestra vida en las manos de Dios los imprevistos dejan de existir, las coincidencias desaparecen y solo queda la providencia divina.

La próxima vez que te encuentres «en el lugar equivocado» recuerda que Dios puede convertir un «imprevisto» en una experiencia maravillosa que glorifique su nombre y te ayude a crecer.

 

Jorge L. Rodríguez

Editor de JÓVENES COMO TÚ


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