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«Y es que Dios había reservado lo mejor para nosotros». Hebreos 11: 40, LPH

AYER TE CONTE CÓMO HABIA RECHAZADO una beca para ir a estudiar a Japón, que había sido mi sueño durante mucho tiempo. Bueno, pasaron tres años desde aquel día y jamás me di por vencido, aunque me deprimí bastante porque no sabía cómo alcanzaría mi sueño. Seguí estudiando japonés y asistiendo a actividades de la Embajada Japonesa, allí conocí varios japoneses que me ayudaron a desarrollar mi habilidad en el idioma y a conocer la cultura. Mientras tanto oraba cada vez más para que Dios me ayudara a alcanzar mi meta.

Mi profesor de japonés, Shin, fue una de las personas que más ánimo medio. Cuando le conté los resultados de la entrevista en la embajada, Shin me consoló contándome varias historias antiguas de Japón en las que los protagonistas se veían en la misma situación que yo, y lograban salir victoriosos.

Mi mayor temor era que la beca tenía un límite de edad: veintidós años. Y esto complicaba las cosas pues ya tenía la edad límite. Llenar los formularios de nuevo era un proceso muy tedioso y no me animaba a participar, aun sabiendo que este era mi último chance. Shin me animó a intentarlo. Hice mi último esfuerzo y di todo lo que tenía. En los exámenes obtuve una de las calificaciones más altas y en la entrevista ya no era el niño recién graduado de secundaria que no sabía qué hacer con su vida. ¡Ahora todo cobraba sentido! ¡Dios me había preparado para ese preciso momento!

Te escribo estas líneas desde Japón, cuatro años después de mi segunda entre vista. Ya finalicé los estudios y ahora trabajo para una empresa en Tokio y he visto cómo Dios ha dirigido mi vida. Cada sábado, cuando asisto a la Iglesia Adventista Central de Tokio, doy gracias a Dios por haber cumplido mi sueño.

Dios tiene el control de todo, aun cuando no entiendas qué está pasando en tu vida. Si piensas que te mereces algo pero Dios no te lo concede, no te desanimes. Tu sueño no se ha dejado de cumplir porque Dios no quiere complacerte, sino porque él tiene algo mucho mejor para ti, y solo con el tiempo lo comprenderás. Mantente fiel a Dios y experimentarás su fidelidad.

Recuerda que el tiempo de Dios es perfecto.

 

Louis Rodríguez Santos

Tokio, Japón


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