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¿Coincidencia o divina providencia?

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«El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende». Salmo 34: 7, RV60

MIENTRAS TRANSCURRÍA LA HORA DE CLASES repetía la misma pregunta en mi mente: «¿De verdad le importo al Señor?». De pronto supe que la clase había finalizado así que, todavía distraída en mis pensamientos, tomé mis útiles y salí del edificio. El cielo estaba despejado, por lo que se podían apreciar las estrellas titilando en el firmamento. Llamé a mi madre para que me fuera a recoger a la universidad. Me senté en el suelo y me recliné contra una pared mientras veía a mis compañeros salir del salón de clases.

Parecía como si me hubiera adueñado de la universidad, pues no se veía alma alguna en el plantel. Minutos más tarde llegó mi madre y me apresuré a subir al Vehículo. Al entrar la saludé con el mismo cariño de siempre, a pesar del cansancio atroz y del hambre que los quehaceres del día me habían provocado. Mientras conducía le conté mi día y a seguidas le comenté la duda que había dominado mi día: «¿De verdad le importo al Señor?».

Al cruzar por las puertas de la universidad mi madre aceleró un poco y continuamos conversando. De repente, escuchamos dentro del carro una voz que dijo: «¡Cuidado! ¡Cuidado!». En ese momento, y a pesar de no haber visto nada peligroso en el camino, mi madre frenó. Giré la cabeza para mirar quién había proferido tales palabras, pero no había nadie dentro del carro, aunque me pareció haber escuchado una voz dentro del vehículo, a nuestro lado. De pronto, el potente rugido de un carro deportivo que pasó frente a nosotros captó nuestra atención. Este carro deportivo cruzó en sentido perpendicular al lugar donde nos habíamos detenido. Después de unos instantes de silencio aterrador mi madre me miró y me dijo: «Dime que tú oíste lo mismo que yo oí». Solo atiné a asentir con la cabeza.

En ese momento mi pregunta recibió respuesta y de forma tan contundente que no me quedó duda alguna. ¿De verdad le importo al Señor? ¡Sí! Tanto que presta atención al más insignificante de mis pensamientos; tanto que aunque soy solo una motita en el vasto universo él se preocupa por mí y me guarda del peligro.

Hoy puedes iniciar un nuevo día con la seguridad de que «si él cuida de las aves,cuidará también de ti».

 

Kimberley Saint-Hilaire

República Dominicana


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