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El asiento preferente

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«Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos». Efesios 1: 18, BA

EN SU LIBRO Una llamada al amor, Anthony de Mello ilustra la vida por medio de una parábola. En mis propias palabras, dice más o menos así: un autobús repleto de turistas va pasando por un lugar increíble, con unos lagos y unas montañas espectaculares. Pero las cortinas del autobús están cerradas. Los turistas no tienen la menor idea de lo que hay del otro lado de la ventanilla. Paradójicamente, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento; quién ha hecho más méritos, quién merece más consideraciones. Y en eso llegan al final del trayecto. ¿Sabes? Así es exactamente la vida antes de vivirla con Cristo; y me refiero a realmente vivirla con Cristo. Lo sé, porque así era mi vida.

Con diecisiete años, yo sentía que «avanzaba en mi viaje», pero en realidad no sabía observar ni valorar los paisajes de la vida; y mucho menos sabía en qué consistía el verdadero éxito -quién era realmente digno del mejor asiento-. Digamos que las cortinas estaban echadas y mi vista no alcanzaba más allá del interior de mi propio mundo. Mis metas eran ciento por ciento mundanas; mis gustos… ni hablemos. Mis prioridades estaban totalmente equivocadas. Hasta que Dios, literalmente, me sacó de mi país, me llevó a otro muy lejano, puso en mis manos un libro titulado El conflicto de los siglos, y descorrió las cortinas que me cegaban. Los ojos de mi corazón se iluminaron, y empecé a ver las verdaderas riquezas de la vida, pero las de la vida de los cristianos, no las de la vida planificada para el ego, que terminan siempre en un vacío interior.

Siendo joven como eres, sospecho cómo es la parábola de tu vida. Seguramente quieres llegar lejos; quizás tienes un concepto equivocado del éxito y por eso lo buscas en las personas y las cosas -donde, por cierto, no está-. Imagino que todavía estás descubriendo el verdadero valor de las personas y las oportunidades que te rodean para ser en el mundo lo que Dios espera de ti. Y esto te sucede porque, en realidad, aún falta Cristo en tu vida. ¿Quieres llegar lejos disfrutando de la belleza del paisaje?

Dale a Cristo el asiento preferente.

 

Mónica Díaz

Autora de Ante todo, Cristiana


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