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Los chicos del cine

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«Echa tu pan al agua; después de algún tiempo lo encontrarás». Eclesiastés 11: 1

CUANDO ERA NIÑA mi familia se trasladó de Ecuador a Colombia. Al llegar, nos mudamos a un tercer piso en el centro de la ciudad de Cali. Allí había un gran ventanal que nos permitía mirar lo que sucedía en el cine que quedaba al frente. Luego de las nueve de la noche veíamos llegar un grupo de jovencitos indigentes con cartones y periódicos que buscaban resguardo en aquel edificio, era un cuadro triste.

Cada noche veíamos cómo los mayores tomaban los mejores lugares y despojaban a los más pequeños de lo poco que tenían para ellos acomodarse mejor. Viendo la situación, mi madre nos puso en acción. Buscamos mantas, periódicos, ropa y algunos alimentos y ayudábamos a «los chicos del cine». Era agradable verlos sonreír.

Con el tiempo algunos rostros se hicieron familiares. Le tomamos mucho cariño en particular a un morenito alegre y juguetón que empezó a llamar «madre» a mi mamá. El tiempo pasó y un día «los chicos del cine» ya no regresaron. El señor bendijo a mi padre en los negocios, compró una casa y nos mudamos del centro de Cali.

Años después, mi mamá salió a realizar unas compras. Estacionó su carro y al bajar se vio rodeada de un grupo de maleantes que la amenazaban con armas, pidiéndole todo el dinero que tenía. En medio del susto, mi madre reconoció entre los rostros de sus atacantes el del niño juguetón de otros tiempos. Ahora era un hombre de mirada hosca, cuyo cuerpo y actitud reflejaban una vida llena de vicios.

«¿Hijo ya no te acuerdas de mí?», fueron las palabras de mi madre. Él la miró con detenimiento, bajó las armas y sonrió ligeramente mientras recordaba la amabilidad de mi madre, entonces dijo a sus compañeros: «Vamos, dejen tranquila a la “madre"», y se perdieron corriendo entre las calles. Quisiera tener un final feliz para la historia del niño juguetón, pero nunca más supimos de él.

En cuanto a mi madre, ese día se cumplieron en su vida las palabras de Salomón que encontramos al inicio de esta reflexión.

Hoy tienes la oportunidad de hacer el bien a quienes te rodean, comparte tu bondad con los demás y recibirás la recompensa tarde o temprano.

 

Cecilia Iglesias

Colombia


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