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Del lamento a la felicidad

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«Has cambiado en danzas mis lamentos; me has quitado el luto y me has vestido de fiesta». Salmo 30: 11

CON MUCHO ESFUERZO, José Martínez Rivera logró concluir sus estudios en la Universidad Agraria La Molina, en Lima, Perú. Mientras estudiaba conoció a Jorge Gordillo, con quien estableció una buena amistad. Sin embargo, por motivos laborales, sus vidas tomaron rumbos diferentes. José emprendió varias actividades comerciales pero no tuvo tanto éxito.

Producto de la crisis económica su vida se convirtió en un calvario. Hubo días en los que no tenía qué comer. En un momento de desesperación exclamó: «Dios, si eres real, por favor, haz algo por mí». Al día siguiente, José recibió una llamada telefónica de Jorge, su antiguo compañero de estudios a quien no había visto durante catorce años, Jorge, que ahora es Adventista del Séptimo Día y trabaja para ADRA Perú, le dice: «Amigo, quiero que trabajes conmigo. El salario es bueno y el trabajo te va a gustar». José no pudo resistir las lágrimas y le contó a Jorge su situación. Le dijo que su llamada había sido la respuesta a su súplica.

Al empezar a trabajar, José se dio cuenta de que ADRA no era una institución del gobierno, parecía más bien una iglesia. Se interesó por lo que los demás trabajadores decían y hacían, especialmente por las reuniones que realizaban para cantar, leer la Biblia y orar. Ellos nunca le hablaron de religión, pero siempre fueron amables con él, eso lo motivó a preguntarles si él podía participar de sus reuniones. «¡Por supuesto!», respondieron.

Un día, mientras esperaba que la reunión diera inicio, escuchó una canción que decía «Jesús, mi capitán». Cada palabra de esa canción era como una flecha que atravesaba su corazón, reconoció su triste condición interna y que realmente necesita un capitán en su vida y la de su familia, así que cayó de rodillas y exclamó: «Señor, quiero que Cristo sea mi Capitán».

Hoy el Señor puede hacer lo mismo por ti. No hay lágrima, lucha ni desesperación que él no pueda cambiar. No importa situ problema es económico o espiritual, Jesús puede cambiar tus lamentos en danzas.

«Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará» (Salmo 37: 5, RV95).

 

Melchor Ferreyra

Perú


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