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Cien veces más

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«Todos los que por causa mía hayan dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o terrenos, recibirán cien veces más, y también recibirán la vida eterna». Mateo 19: 29

MI NOMBRE ES ANTONIO, estudié informática y cuando acababa de terminar mis estudios renuncié a una atractiva oferta de trabajo por causa del sábado. Mientras consideraba qué haría con mi futuro sentí la impresión de viajar a Estados Unidos y realizar allí estudios de postgrado en Informática. Inicialmente pensé en estudiar en una universidad estatal por motivos financieros, pero un pastor amigo me habló de la universidad adventista: Andrews University. Aunque el costo de una institución privada no estaba ni cerca de mi alcance, mi amigo insistió. Milagrosamente las puertas se abrieron y con fe y sacrificios pude obtener mi maestría en Tecnologías de la Información.

Cuando terminé mi postgrado, General Motors, la prestigiosa compañía, me entrevistó para un trabajo, pero de nuevo surgió el tema del sábado y no obtuve la vacante. Solicité en diversas empresas y hospitales, pero nadie me respondió. Mientras buscaba trabajo en el área de la informática fui empleado por una empresa de instalaciones eléctricas en la ciudad de Orlando.

Un año después de haber concluido mi maestría una hermana de la iglesia me comunicó que alguien de Miami me estaba buscando con mucho interés y medio un número telefónico. De inmediato llamé y para mi sorpresa me comunicaron que la División Interamericana me quería entrevistar para ser el director del centro de cómputo. ¿Cómo supo la División de mí? Providencialmente uno de mis exprofesores de la Universidad Andrews trabajaba en la División como director del centro de cómputo. Él había aceptado un llamado a otro lugar y con mucho empeño mencionó a la administración que él conocía a un joven a quien recomendaba para tomar su lugar. Como no tenía experiencia trabajando para la iglesia y hacía poco que me había graduado de mi postgrado mi exprofesor sugirió que me emplearan por tres meses. Para la gloria de Dios ya tengo treinta años trabajando para la obra en las oficinas de la División.

Hoy te invito a colocar tu confianza en las manos de Dios. Él recompensará tu fidelidad y nunca te desamparará, te lo digo por experiencia propia.

 

Antonio de la Mota

Estados Unidos   


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