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Rumbo a la morgue

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«¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor!». Romanos 8: 39

TUVE EL PRIVILEGIO DE CRECER siendo adventista. Sin embargo, al cursar el segundo año en la carrera de Leyes comencé a alejarme de la iglesia, ya no participaba ni apoyaba como lo hacía antes. En mi ignorancia juvenil había decidido «iniciar un cambio en mi vida» y la iglesia no formaba parte de mis nuevos planes.

Me dediqué a participar en la política estudiantil. Corría la década de 1980 y todo giraba en torno a los movimientos sociales y políticos en las universidades del Perú. Para colmo, tenía un carro propio, que no solo era un lujo sino una gran ventaja para mis aspiraciones políticas.

Un día, mientras me dirigía con un amigo hacia otra Facultad de Leyes en Lima, al cruzar una calle no me percaté de que venía otro vehículo a gran velocidad, y yate puedes imaginar el resultado. El impacto fue tan fuerte que nos arrastró más de diez metros y nos volcó. Mi amigo fue llevado al hospital con heridas graves. En cambio a mí me llevaron a la morgue, pues había perdido mucha sangre y tenía una gran herida abierta en la cabeza. Todos creían que estaba muerto.

No sé en qué momento, pero recobré la conciencia y escuché al policía relatar a los que iban en la camioneta cómo yo «había muerto». En ese momento clamé al cielo pidiendo una segunda oportunidad: «Señor, si me salvas, te serviré todos los días de mi vida. Te obedeceré si tan solo me dejas vivir».

En esos momentos, el policía comenzó a gritar: «¡Está vivo, está vivo!». De inmediato me llevaron al hospital. Mi recuperación fue lenta, pero al final me recuperé por completo. El resto es historia. Hoy sirvo con mis talentos a Dios y a su iglesia. Soy una prueba viviente de que nada ni nadie nos puede separar del amor de Dios.

Es probable que no hayas tenido, ni llegues a tener, una experiencia como la mía; sin embargo sé que hoy Dios te invita a ser una luz en este mundo, a usar tus dones y talentos para su servicio.

Si él pudo usar a alguien tan imperfecto como yo, sé que puede hacer grandes maravillas a través de ti.

 

César A. Ponce

Estados Unidos


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