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No es casualidad

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«Si ahora callas y no dices nada, la liberación de los judíos vendrá de otra parte, pero tú y la familia de tu padre morirán. ¡A lo mejor tú has llegado a ser reina precisamente para ayudarnos en esta situación!». Ester 4: 14

ERA UNA HERMOSA MAÑANA en la ciudad de Nueva York. Mis dos amigos y yo nos disponíamos a tomar el tren. Como no teníamos mucho tiempo allí todo nos parecía nuevo: las calles, las personas, los colores y aun los olores. El sonido del tren se escuchaba mientras nos acercábamos al área donde se encontraba la plataforma de abordaje, pero antes teníamos que deslizar la tarjeta por una máquina.

Uno de mis amigos y yo logramos deslizar nuestras respectivas tarjetas, pero el tercero no encontraba la suya. Buscamos en la mochila y sacamos nuestras pertenencias, pero la tarjeta no aparecía. Entonces decidimos regresar al apartamento y buscar allí, por lo que nuestro viaje se retrasó. Estaba molesto, pues creí que había perdido mi valioso tiempo.

Cuando por fin encontramos la tarjeta regresamos a la estación, entramos y esperamos el siguiente tren. Una vez adentro del vagón platicábamos de lo bonito que era estar participando del proyecto OYTM («Un año en la misión» por sus siglas en inglés). Mientras eso sucedía, uno de los pasajeros nos veía a la distancia y se reía con nosotros; su rostro mostraba el deseo de querer unirse a nuestra conversación, por lo que decidimos acercarnos y conversar con él.

Nuestro nuevo amigo era de Medio Oriente, una zona en la que hay mucha reticencia contra el cristianismo. Él había llegado a Nueva York con la intención de encontrar a alguien que le enseñara de la Biblia. Ya había buscado durante seis meses, pero no había tenido éxito. Después de platicar y de intercambiar números telefónicos para seguir en contacto, nos dimos cuenta de que nada de lo que nos había ocurrido ese día era resultado de la casualidad. El tren que inicialmente queríamos tomar no era el que debíamos abordar. Dios orquestó todo para que compartiéramos el evangelio de Jesucristo con ese joven.

¿Te parece que estás en el lugar equivocado? Piénsalo de nuevo, colócate en las manos deDios para que hoy puedas comprender el plan que tiene para ti.

 

Carlos Sánchez

México


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