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De la cárcel al servicio de Dios

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«Pero soy lo que soy porque Dios fue bueno conmigo; y su bondad para conmigo no ha resultado en vano». 1 Corintios 15: 10

CUANDO ME ARRESARON por posesión e intento de distribución de drogas en el Aeropuerto Internacional Logan, en Boston, me sentí airado. Sabía que iría a la cárcel y que ese no era un lugar agradable. Las autoridades me amenazaron con cuarenta años de prisión. Luego me hicieron una oferta: me reducirían la sentencia si cooperaba con ellos y delataba a los que estaban más arriba en la escala del cartel para el que traficaba. Yo conocía los riesgos que conllevaba el narcotráfico, también sabía que mi familia correría grave peligro si delataba a mis compañeros de crimen. Así que decidí aceptar la sentencia que me dieran sin delatar a nadie.

Después de varias comparecencias ante el tribunal, me sentenciaron a nueve años de prisión en una penitenciaria federal, además de cuatro años de libertad condicional. En esos momentos no me daba cuenta de que Dios estaba utilizando ese incidente tan terrible para salvarme la vida. Mi pasado estaba lleno de violencia. Ahora me doy cuenta de que si Dios no me hubiera sacado de esa vida de criminalidad, yo habría sido otra víctima, quizás hubiese perdido la vida. La razón por la que escribo esto es porque la mayor parte de mis «amigos» que estaban involucrados conmigo en el negocio de las drogas hoy están muertos. Por el contrario, Dios ha demostrado que tenía otros planes para mí.

¡Cuán verdaderas son las palabras de Pablo en mi vida! Soy lo que soy por la gracia de Cristo. Él me saco de los caseríos de Puerto Rico, estuvo conmigo mientras permanecí en la prisión y en las calles, y me llevó a conocerle y servirle. Le doy gracias cada mañana por un día más de vida. Me he dado cuenta de que la vida cristiana tiene sus desafíos. Satanás utilizará todo lo que esté a su alcance para desanimarte. Mis amistades no cristianas, cuando tomé mi decisión de seguir a Cristo, decían: «Esto no durara mucho. Denle tiempo y regresará a sus andanzas». No ha sido fácil, pero como dice la Escritura: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4: 13, RV95).

Si yo pude, tú también puedes.

 

Anónimo

Puerto Rico


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